Había repetido el recorrido cada día de aquella semana y aunque disminuía la velocidad de su paso frente al Bull & Finch Bar, Alina no había vuelto a encontrar a José por allí. Llegó el fin de semana y como era su costumbre, se disponía a acurrucarse con su manta para comenzar a leer cuando María, una de sus compañeras tocó a la puerta de su habitación. -Alina ¿Cómo estás? - le preguntó con dulzura mientras entraba al cuarto. -Bien, gracias. Por suerte ya entregué todos los informes y creo que este fin de semana voy a poder descansar.- le respondió Alina apoyando su libro al lado de la vela encendida. -¡Qué suerte que me digas eso!- dijo María con una sonrisa. -Porque acaban de invitarnos a una celebración y no tenes excusa para no venir.- agregó tomando su brazo para que se levant

