Capítulo: 5

432 Words
Todo contacto con el había sido perdido, el era muy orgulloso y yo también así que no le iba a marcar para que saliera con sus idioteces. Simplemente era un idiota, no, no era un idiota por que no eso alcanzaba a ser, el era un pedazo de idiota y no un pequeño UN GRAN PEDAZO DE IDIOTA. Sonó mi teléfono  -¿Bueno?- conteste -Si, estoy bueno ¿Como lo sabes?- Puse los ojos en blanco y no conteste  -Cierto, se me olvida las noches de pasión desenfrenada que hemos tenido- dijo -Me das asco- -¿No que estaba bueno?- -¿Deseas callarte?- -Abril, el mundo no es un cuento de hadas donde se cumplen todos los deseos que en tu trastornada cabeza se le ocurran, por que si fuera así... -¿Yo sería feliz?- -Deberías dejar de pensar un poco menos en ti y pensar más en mi- dijo -Si fuera así yo usaría mayas, y como siempre me vería estupendo usándolas- Puse los ojos en blanco -Te extraño- dije sin pensar -Yo no- -¿Entonces para que marcaste?- pregunte algo molesta, bueno muy molesta, en serio muy, muy molesta -Sólo quería informarte que Cristina y yo estamos muy felices juntos, probablemente nos casemos al terminar el año, y tu tratarás de ser mi amante pero te rechazare y tu vivirás sola con muchos gatos y morirás sola con ellos- -¡No te creas tan importante, no te necesito para ser feliz!- grite y justo cuando iba a colgar el dijo -Pero yo si- Trate de decirle algo pero yo ya había colgado involuntariamente. Cuando cuento esta anécdota, las personas dicen que me hubiese librado de aquello de una forma fácil y rápida; tan solo dejarle de hablar. Pero no me era fácil; en lo absoluto, en ese entonces prefería quemarme las cejas por completo antes de siquiera plantearme aquello. Porqué, como lo dije antes, era bastante inmadura aunque me creyera lo contrario.  Nunca nadie comprendió lo mucho que lo quise; y yo tampoco. Con el tiempo perdió sentido.  Pero en aquel entonces, el simple hecho de verle sonreír me bastaba y sobraba para comprender que no quería estar con nadie más. Se que suena ridículo; no necesitan decirme aquello. Aquello era demasiado emocionante, y ha decir verdad, quizás esa inestabilidad y oportunidad de sorpresa era lo que me atraía en aquel entonces. ¿A quién no le pasaría lo mismo? En especial durante la adolescencia; cuando lo que uno busca, -O al menos, la mayoría- son emociones que te mantengan despierto hasta altas horas de la madrugada, mientras que tu corazón late con tal fuerza que incluso te marea.  Si; en algún momento de nuestra vida, somos tan inestables que es lo único que buscamos. Hasta que empezamos a buscar lo contrario. 
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