Juro que no podía creer que Arnaldo me encontrara tan pronto, ¡ah, qué tonta soy! ¿Cómo se me ocurre quedarme siempre en la misma ciudad donde él se encuentra? —¡Qué! No puede ser, él ya sabe que estoy allí—. Reaccioné alterada. —No, hija, él no lo sabe. Ese hombre se presentó y confesó ser tu esposo. Preguntó si estabas asistiendo a clases, que habían tenido una discusión común en un matrimonio y saliste de casa, que desde entonces te ha buscado y no sabe nada de ti. Mi respuesta fue que tus maestros han reportado tu ausencia por mucho tiempo y que, debido a tus faltas, tomamos la decisión de cancelar tu periodo. —Gracias. —Dije a mi padre y lo abracé, sintiendo un gran alivio. Mi papá comentó que Arnaldo se ve muy mal de salud, demacrado, cabello largo y desordenado, barba sin afei

