Con temblor en sus manos y un mal presentimiento, ella tomó la llamada. —Madison, pide permiso para unos días. —dijo Arnaldo. —¿Qué sucede? —Saldremos de viaje. —¡Qué! ¿Cuándo? —En este momento nos vamos. Por favor, date prisa y solicita ese permiso; pasaré por ti en cinco minutos. Demasiado confundida, Madison regresó a la oficina del director y solicitó el permiso. El director preguntó si todo está bien y Madison mintió al decir que su tía con la que vive ha decidido viajar de imprevisto y eso es todo. El director no está enterado de que Madison está casada. —¿Dónde está tu madre?—preguntó de golpe, ya que no se había atrevido a preguntar por ella. —Vivo con mi tía, mi madre hace muchos años murió—. Informó, haciendo que al hombre se le quiebre en mil pedazos su corazón, y su su

