Arnaldo fue a casa después de dejar a su mujer en la cabaña. Estaba muy molesto y no paraba de maldecir a la chica malcriada que se atrevió a llenar de rasguños el rostro de su preciada madre. Se acostó a dormir con tranquilidad, no sintiendo remordimiento por la chica que había dejado abandonada. Por la mañana, antes de ir a la empresa, fue al bosque para traer de regreso a su mujer. En el camino va pensando de qué manera la va a amenazar para que no le cuente al abuelo, que él la castigó horriblemente. Ya estaba muy cerca de llegar cuando se escuchó el sonido parecido al que hacen las sirenas de un camión del cuerpo de bomberos. —¡Qué raro que en este lugar vengan los bomberos a hacer simulacros, todas estas tierras son de mi abuelo! —Comenta para sí mismo. Su sorpresa fue cuando esta

