Un par de horas después, Arnaldo llamó a la puerta de su propia habitación en donde Madison se encuentra castigada. —¿Qué le dijiste al abuelo para que te dejara tranquila? —Preguntó al ingresar. —Le dije que me sentía con dolor de estómago y mareos. —mintió descaradamente. —¿Y es verdad? Si te sientes así, dilo, iremos de inmediato al hospital. Pienso que hemos pillado algún virus porque yo también tengo esos síntomas. —Expresó Arnaldo. La chica lo observó detenidamente y se burló en su interior. Desde que la envió a la habitación, ella no ha podido estar quieta. Por un momento pensó que el arrogante Arnaldo que conoció había vuelto, ni siquiera pudo descansar por estar pensando en lo que diría cuando llegara. Pero ha sido todo lo contrario, él, incluso, está preocupado por su salu

