Arnaldo no puede creer lo que esa pequeña criatura le está pidiendo. Pero ahora que están a solas, quiere aprovechar y sacar información sobre su esposa. —¿Cómo te imaginas a tu papá? El niño puso su dedo índice en el mentón e hizo como si lo estuviera analizando. —Fuerte y guapo, así como tú. —Respondió finalmente. —En ese caso, acepto ser tu padre. —Dijo Arnaldo con una sonrisa y con su corazón palpitando a mil. —¡Qué bien! —exclamó, emocionado, y se lanzó a abrazarlo en esta ocasión. —Campeón, ¿qué ha sido eso? Recuerdo que dijiste que no me abrazarías porque mamá te lo prohibía. —Ahora puedo hacerlo. Ya no eres un desconocido… ¡Eres mi papá! —Espera… eso significa que, ¿estás de acuerdo con mi decisión? —Sí. Pero debes recuperarte pronto porque te vas a ir a vivir con nosotros

