En el pueblo El anciano y Arnaldo llegaron a la casa del cerro. El hombre ya no puede más con las ganas de saber si en realidad es la chica que busca la que ellos han rescatado. —Espere un momento, le pediré a mi esposa que salga. Oh mira, allí viene y parece que está molesta. —Dijo el anciano con una sonrisa. —Has tardado demasiado tiempo, espero que hayas encontrado las plantas que te pedí, la chica está muy mal de sus pulmones. —Dijo la señora. —Me encontré con este joven en el camino y me trajo a casa, ya estoy viejo y no puedo hacer de prisa los mandados. —Se quejó el anciano y su esposa sonrió y le dio un beso, digno de admirar que aunque estén molestos no pelearán. —Tome asiento buen hombre, traeré una taza de café. —No se preocupe, me iré pronto. ¿Puedo ver a la joven para v

