-¿Cómo? ¿Cómo?- Tartamudeé mirándolo, él no me contestó, sus ojos de hielo miraron a su padre quien se acercaba al grupo.
-Sus dudas se despejarán con el tiempo Señorita Salas-, dijo y después se dirigió a los muchachos ignorándome por completo, mi cabeza pensaba mil cosas, se veía descaradamente que él no era su padre biológico ¿Cómo había acabado con un monstruo como él?, respiraba ruidosamente, mi cuerpo se estremeció, levanté los ojos a los jóvenes -espero que la Señorita Salas sea de su agrado-. La mirada de su “padre” era de un desquiciado total, la sonrisa del muchacho de cabello caramelo se extendió hasta sus orejas.
No podía hablar, estaba tan sorprendida que no podía hablar ni un poco, pestañeé mientras mi mente hilaba eventos posibles he historias que resultaban fantásticas, el Señor Duncan seguía hablando pero no lograba entenderlo, estaba tan absorta en el océano de mi mente, solo volví de nuevo en si cuando logré entender que el hombre se marchaba y me dejaba a merced de sus hijos, el pánico me hizo reaccionar de pronto.
-¡No por favor no se vaya, déjeme ir, no me deje sola!- Gritaba mirando cómo se retiraba, mi cuerpo por fin pudo moverse como yo quería gracias a la inyección de adrenalina que mi cuerpo produjo de pronto, me moví hacia adelante, hacia un pequeño hueco entre dos chicos, para mi desgracia estos mismos muchachos me cerraron el paso con sus cuerpos, los miré loca de miedo, eran el castaño y el de cabello n***o, después escuche la puerta cerrarse sutilmente tras el Señor Duncan, sin pensarlo me aplasté de nuevo a la cabecera mirando a cada uno volviendo a cubrir mi cuerpo con mis brazos.
En cuanto su padre salió, las actitudes serias de los chicos desaparecieron, dando a conocer cada uno sus respectivas personalidades.
-Está algo flacucha-. Dijo el pelirrojo mirándome de arriba abajo.
-Pero huele delicioso, me estaba volviendo loco por conocerla desde el pasillo-. Respondió el castaño, su hermano de cabello n***o puso los ojos en blanco.
-Aun así, asustada luce apetitosa-. Replicó de nuevo el pelirrojo mirándome como un león a su presa.
Mi respiración me dejaba en evidencia, miraba a cada uno como un ratón asustado.
-Yo ya no lo soporto, quiero tenerla-. Masculló el castaño inclinándose sobre la cama, no pude evitar gritar, pero fue interrumpido antes de que tomará mi tobillo.
-¡Joven Ezra!- La voz de Edmon se alzó de entre la de los chicos, Ezra (el castaño) lo miró con ojos de ira.
-¿!Que!?- Masculló Ezra, pero el mayordomo fue interrumpido.
-Hicimos una promesa a papá de que ninguno la tocaría hasta mañana-. Intervino Kirei, mi amor de preparatoria miró a su hermano con expresión gélida después de interrumpir al sirviente.
-Kirei tiene razón, no debemos hacerlo enfadar ahora, Ezra-. El joven de cabello n***o se reacomodó los lentes.
-¿Deseas que te de otro puñetazo Ezra?- Dijo el pelirrojo en una carcajadilla, sus músculos se le abultaban en la camisa, pareciera que en cualquier momento la fuera a reventar.
-¡Cállate Kean!- Refunfuñó Ezra haciendo un puchero cruzándose de brazos en medio de un berrinche como si sé tratase de un niño pequeño.
-Les recuerdo jóvenes amos que no pueden acercarse, aún-. Comentó Edmon cerca de la puerta, Kean chasqueó los labios mirándome.
-Está bien Edmon-. El chico de cabello n***o se acomodó el libro sobre su pecho.
-Te vez decepcionado Alexander, ¿Qué no te gusto el regalo de papá?- Ezra pegó la mejilla contra su hermano de cabello n***o, este último se apartó.
-Eso lo sabré en su momento-. De pronto los hermanos tenían enormes sonrisas en los labios, incluso Kirei, lo que causó que mi corazón se contrajera de dolor, la decepción y la impotencia se apoderaron de mí, ahora lo que me importaba saber cómo podía escapar de ellos.
-He tenido suficiente-. Kirei se dio la vuelta y se marchó dejando la puerta abierta, Alexander lo siguió sin decir nada, los otros dos siguieron con la mirada a sus hermanos para después reparar en mí.
Kean extendió un brazo y vio mi reacción de respingo de inmediato.
-¡No te me acerques!- Grité con el cabello revuelto y los ojos hinchados de tanto llanto.
Ezra soltó unas carcajadas.
-Papá dice que es revoltosa, mira como le dejo la cara a Edmon-. Siguió riéndose, Edmon quitó la mirada y Kean apoyó las manos en su estrecha cintura.
-Presiento que será divertido-. Sus ojos amarillos eran dos motas de perversión.
Estaba lista para defenderme, no permitiría que ninguno me tocara, pero sin más, Kean le paso un pesado brazo por los hombros a su hermano y mirándome fijamente ambos, salieron de la habitación cerrando la puerta.
Fue allí que relajé los hombros, destensé mi cuerpo sudoroso y pude respirar de nuevo, Edmon se acercó con cautela.
-Le traerán su comida y su teléfono en un momento, con su permiso-. Dijo caminando a la salida, salí de la cama como una loca, pero Edmon fue mucho más rápido y salió primero cerrando la puerta.
Me aventé a la puerta, intentando abrir las perillas con fuerza en medio de gritos y sollozos.
-¡Edmon por favor!, ¡Déjame ir!, ¡Por favor!- Golpeé la puerta hasta que me hice daño las manos llorando desconsoladamente, sin embargo aún no podía rendirme, vi las ventanas que daban justo al exterior, aun no podía acabarse mi mundo, tranquilizando mi llanto un poco intente abrir las ventanas, pero estaban tan pesadas que parecían selladas, no me desanime tome la silla del tocador y la estrelle contra el vidrio, una, dos, tres veces pero el vidrio no cedió en ningún momento, cambie de ventana y repetí la misma operación, luego la tercera y última, pero en ningún momento el cristal cedió, la desesperación me orillo a golpear con más fuerza la ventana, pero ni un rasguño pude sacar, volví a llorar desconsolada haciéndome un ovillo en el suelo, no podía creer que esto me estuviese pasando a mí, que Kirei me estuviera haciendo esto, me golpe la cara con las manos convencida de que había sido una rotunda imbécil, ¿Cómo no había podido sospechar ni siquiera un poco? Todo había sido tremendamente bueno incluso para ser verdad, debí haberle hecho caso a mis presentimientos, pero estaba tan maravillada por todo que no había activado mi sentido común, y ahora estaba cautiva contra mi voluntad a merced de depravados, recordé las lágrimas de mamá diciéndome que estaba orgullosa de mi !Dios mío!
La puerta se abrió de pronto, un par de sirvientes entraron con dos charolas de comida, vi las puertas abiertas y aproveche, me puse pie y salí disparada a mi salida.
-¡Señorita!- Gritó un sirviente cuando la pase de largo, pero en la puerta dos hombres de traje azul marino me recibieron en brazos, grite contorsionándome violentamente para zafarme de su agarre, de nuevo me introdujeron en la habitación.
-¡Señorita Salas!- Me llamó Edmon entrando junto con nosotros -Debe comportarse para que no recurramos a nada de esto-. Uno de los guardaespaldas me rodeó con sus brazos impidiéndome moverme, grité con todas las fuerzas de mis pulmones y el hombre me cubrió la boca con su poderosa mano, Edmon me extendió mi celular frente a mi cara, abrí los ojos tranquilizándome -Se lo daré hasta que se calme-, levantó una ceja -¿Promete que se calmará?-
Asentí con la cabeza aparentemente serena, luego Edmon le hizo un asentimiento de cabeza al hombre para que me soltará.
Sentí como el aire entro a mis pulmones con libertad, estaba serena, pero la ansiedad se notaba en cada parte de mi cuerpo.
-Estoy calmada-, dije mirando mi celular como un tesoro -dámelo-. Extendí la mano con ansias.
-Si se tranquiliza, se lo daré-. Repitió mirándome a los ojos.
-¡DÁMELO!- Grité arrojándome sobre él, pero fui capturada por el mismo hombre que no me dejaba respirar bien, pataleé histérica, si tan solo pudiera alcanzar mi teléfono.
-¡Señorita Salas!- Volvió a llamarme Edmon abriendo la tapa de una laptop frente a mí, un infartó golpeo mi pecho cuando de la pantalla se reprodujo un vídeo en vivo de mi madre quien no sabía que estaba siendo grabada mientras cocinaba, la escuché canturrear una alegre canción sin saber nada.
De nuevo y ahora si estaba calmada y sobre todo muy asustada, ¿Cómo era que sabían de ella? ¿Cómo habían encontrado su ubicación?, mi mente trabajo, lo más lógico era que supieran por aquella entrevista de trabajo, había dado mis datos a ese sucio cómplice, un estrujón de corazón desagradable me recordó que todo esto había sido mi culpa por estúpida.
-Le daré el celular y la llamará, si dice algo impropio usted tendrá la desagradable visión de ver como muere, tenemos gente esperando su decisión fuera de su casa señorita-. Estaba por desmayarme, negué con la cabeza aterrorizada, apreté los ojos consternada, de pronto estaba entre la espada y la pared y en aquel momento mi mente no podía idear algo que pudiera hacer para sacarme de esa situación tan desafortunada, abrí los ojos humedecidos mirando fijamente a Edmon quien me regresaba la mirada con desinterés -¿Se calmará ahora?- Preguntó y yo asentí con la cabeza completamente vencida, el hombre volvió a soltarme, lo único que podía hacer ahora, era implorar por mi madre.
-Por favor no le hagan daño-. Supliqué casi de rodillas y con ganas de llorar desconsoladamente.
-Prometa que no dirá nada-. Dijo.
-No no, no diré nada, pero por favor no le hagan daño-. Dije sorbiéndome los mocos mientras limpiaba los restos de lágrimas con el dorso de la mano.
-Esta advertida-, me entregó el móvil, y lo tomé con manos temblorosas, los miré, todos estaban a la espera de mi reacción.
-Sea inteligente Señorita Salas-. Edmon no dejaba de mostrarme el vídeo, no tuve más remedio que obedecer, llamé a mi madre con el corazón palpitándome en la garganta, la vi responder de inmediato, escuchar su voz sin saber nada me causo una oleada de dolor, pero Edmon me dio indicaciones sobre cómo debía comportarme, me sacudí el dolor y respondí como si estuviera emocionada; le comenté que ya había llegado y que me disculpará por haber llamado hasta ese día, justificándome por el trabajo, cuando nos despedimos le dije tres veces que la amaba y sin más colgué, Edmon asintió con la cabeza complacido -Hizo bien señorita-. Dijo quitándome el teléfono de las manos -La llamará todos los días y le dirá todo como si estuviese trabajando, solo recuerde que esto es por 6 meses, pórtese bien y no habrá necesidad de nada de esto-. Finalizó cerrando la computadora imposibilitándome seguir viendo a mi madre quien continuó con su deberes diarios como si nada, Edmon me miró como último para después marcharse junto con todos dejándome envuelta en llanto, la comida estaba sobre una mesa de noche pero ni siquiera el hambre pudo opacar la pena de saber que era lo que estaba pasándome, me recosté en el suelo llorando hasta que por la noche el hambre me atacó sin piedad, hambrienta devoré la comida fría casi sin tomarle sabor, cuando termine me agazape en una esquina de la cama y luego de un rato me quede dormida por el cansancio.
--------------------------------------------------------------------------------------------------------
Muy temprano por la mañana me despertaron para que me aseara, me dieron ropa nueva, bastante bonita y costosa que no podría pagar aunque trabajará por cinco años, más tarde Edmon repitió el mismo sistema, yo llamando a mamá mientras miraba como era asechada por matones, incluso me obligaron a mandarle un mensaje a Samanta quien intentó hacerme platica evidentemente emocionada por creer que estaba feliz por mi nuevo empleo, no podía extenderme mucho con ninguna así que más por miedo a que ellas sospechará algo, no les permití que hablarán a placer, así que luego de colgar fui custodiada por Edmon y un sirviente quienes me condujeron hasta el comedor, mi mente estaba en modo robot, apenas y estaba razonando mi confinamiento involuntario y mi función específica en la mansión, cuando una punzada de dolor atravesó mi cuello y tuve nauseas, mis ojos se humedecieron consiente ya de mi destino.
Dentro el Señor Duncan y sus hijos me esperaban, mis pies me cosquillaron impasibles por salir corriendo, pero guarde la compostura, más no mis lágrimas, las cuales se escapaban de mis ojos en silencio.
-¡Señorita Salas!- Me llamó el patriarca -Muy buenos días, tomé asiento por favor-. Me indicó con un gesto con la mano, Edmon me corrió la silla y yo tome asiento sin levantar la mirada.
Los muchachos peleaban entre ellos, al parecer Ezra había robado un pedazo de carne a Kean, este último lo amenazaba con golpearlo pidiendo que le devolviera su trozo de carne que Ezra aún tenía mordisqueando entre los labios, Alexander y Kirei desayunaban en silencio y con los debidos modales de etiqueta.
Su padre los silenció, mientras un sirviente le servía una copa del mismo líquido rojo que debía ser sangre.
La garganta se me secó, un plato de frutas exóticas perfectamente decoradas apareció frente a mí.
Miré al patriarca.
-Adelante, puede comer cuanto quiera-. Dijo terminándose la copa de un trago, el mismo sirviente volvió a llenar su copa.
Tenía la garganta seca, lagrimas resbalaron por mis mejillas en silencio, el cabello marrón se me desparramó por los hombros ocultando mi rostro lloroso.
Los jóvenes no se inmutaron.
-Debe alimentarse señorita-, me aconsejó Edmon tras mi oído derecho -debe tener fuerza, recuerde que solo son 6 meses y usted podrá irse-. Finalizó apartándose unos pasos de mí.
Volví a ver a mi alrededor, Kirei estaba atento a mis acciones, mirándome fijamente con el plato casi intacto sobre la mesa, sus ojos azules me causaron un estremecimiento.
-Desayune por favor Señorita Unicornio-. Habló tomándome por sorpresa, lo miré con los labios entre abiertos, parpadeé un poco, mis ojos café claro no dejaban de mirarlo.
Miré el plato de comida, la fruta lucia fresca y apetitosa, sin embargo el nudo en mi estómago junto a las náuseas sumando a mi pena imposibilitaban que degustara como ellos querían que lo hiciera.
Volví a bajar la mirada a mi regazo, reprimiendo las lágrimas.
-No resistirá-. Comentó Alexander después de beber su vino.
-Debiste traer otra como nuestra Molly-. Replicó Ezra a su padre, quien era asediado por unos hombres en traje que le mostraban unas estadísticas en una tablet negra, el hombre levantó los ojos de la pantalla.
-Está es más guapa-. Respondió el hombre y se levantó del asiento con otra nueva copa llena en las manos.
Tuve un mini infarto al percatarme que se iba, a pesar de que era un hombre desagradable era lo único que me hacía sentir segura por absurdo que sonará, no quería que se fuera, no deseaba que me dejará sola con sus caprichosos hijos.
Ezra hizo un puchero y se metió un trozo de jamón a la boca mirándome con recelo.
El hombre se giró por última vez antes de salir y agregó;
-Deben aprovechar a esta mujer todo lo que puedan ahora que están vivos y pueden hacerlo, después cuando todo por fin se complete ya no podrán, las disfrutaran de una manera distinta-. Dijo marchándose con un grupo de sirvientes pisándole los talones.
Mi corazón brinco en mi pecho, miré a los muchachos, tenían sonrisas largas en sus rostros, excepto Kirei quien me veía con sus habituales ojos serenos.
Mis manos se entumecieron y desvié los ojos para no mirarlos, los nervios eran mi verdugo, pero de nuevo como si nada el resto de los chicos me ignoro completamente, un rato después cuando terminaron de desayunar todos incluyendo Kirei se marcharon hablando entre ellos, dejándome sola con Edmon a un lado mío, mi cuerpo se destenso y tomé aire aliviada, estaba segura, por ahora, esperanzada creí que ellos se habían desinteresado de mí, lo cual me favorecía, debía esforzarme para que me encontraran desagradable, me recargue sobre el respaldo de mi silla sudando de pies a cabeza, Edmon volvió a acercarse a mi oído tomándome por sorpresa.
-Debe comer Señorita Salas-, repitió con insistencia, tome aire por nariz lista para irme pero el hombre me regresó de nuevo a mi asiento -hágalo-. Insistió poniéndome el tenedor en una mano.
Lo miré con ojos asesinos, pero Edmon era una estatua firme.
El estómago me gruño de hambre.
-¿Por qué?-
-Se desmayará-. Contestó.
Apreté los dientes con fuerza, y mi estómago protestó hambriento, mi fuerza por resistir fue vencida por mi apetito, no podía resistir el hambre que tenía, así que vencida y con ojos humedecidos pinche un pedazo de durazno y comencé a comer, Edmon quien ya se había convertido en mi sombra esperó hasta que termine de comer y me llevó de regreso a mi habitación, donde me esperaba una mujer de bata blanca, Edmon sin decir una sola palabra cerró mi puerta en silencio dejándome con la mujer quien se acercó a mí con una tablet en las manos.
-Buenos días Señorita Salas, soy Lilia su doctora-. Me tendió una mano con rostro sereno.
No estreché su mano.
-¿Para que necesito un doctor?- Me estremecí.
-Solo le realizaré unas preguntas-, ella se sentó sobre mi cama, busco un momento en su tablet -siéntese-. Me indicó.
Negué con la cabeza,
-Así estoy bien-. Me rodé el cuerpo con las manos.
Ella tomó aire y empezó.
-Señorita Salas, dígame por favor la fecha de su última relación s****l-. Me miró pestañeando algo fastidiada.
Fruncí el ceño.
-¿Perdón?- Me remoliné incomoda pensando él porque de todo esto.
-Debe decírmelo señorita-. Comentó ella entrecerrando los ojos.
Los nervios me mecieron de un lado para otro.
-Es-s que…-
-Necesito hacerle un perfil médico-. Hizo una mueca de fastidio.
-¿Para qué?- Me mordí el labio inferior con ansiedad.
La mujer tomó aire, estaba por colmarle la paciencia.
-Necesito su perfil médico, para tener un expediente de su salud, estará 6 meses aquí cualquier cosa puede pasar-. Se encogió de hombros.
Apreté los labios ansiosa.
-Nunca he tenido relaciones sexuales en mi vida-. Confesé con las manos sudorosas.
La mujer escribió mi respuesta en la tablet asintiendo con la cabeza.
-¿Tiene algún historial de enfermedades en su familia?- Esperó mi respuesta.
-No-. Dije
Volvió a anotar en la pantalla.
-¿Tiene una intervención quirúrgica?
-No-.
Ella aguado un momento y después se puso de pie, sacando una lamparita.
-Déjeme revisarla-, deje que me tocará, ella me reviso los ojos, garganta, oídos y mi presión arterial, continuó apuntando en su pantalla, luego de un momento centro su atención en mi -está un poco estresada simplemente-, y me dio un frasco de medicamentos -solo son suplementos alimenticios para que tenga las defensas altas-. Tomé el medicamento y ella guardo todos los instrumentos en silencio.- cuando todo termine volveré a verla-.Dijo comenzando a salir del cuarto.
-¿Terminé que?- Pregunté pero ella ya había salido, apreté los puños con fuerza, me senté de nuevo sobre mi cama y me puse a llorar sin esperar, simplemente mis ojos sacaron toda la rabia y la frustración que guardaba, me recosté sobre la afelpada cama dejando que mi dolor se sintiera, “solo serán 6 meses y ya” me recordé consiente de que estaría atrapada allí quizá todo ese tiempo “solo 6 meses”.