Entre sueños sentí como mi celular vibraba, tardé unos momentos en entender que me estaban marcando, en un primer momento pensé en no contestar, aún tenía que seguir durmiendo, pero la idea del empleo nuevo afloró de pronto en mí cabeza haciéndome contestar lo más rápido que mi cuerpo me permitió, contesté con la voz ronca, del otro lado me atendió la voz de una mujer que previamente se identificó, después me comentó que mi solicitud había sido aceptada y que debía presentarme en la tarde para firmar el contrato, para después colgar dejándome como una rotunda idiota, miré al celular como si lo hubiera soñado, después de razonar me puse de pie de inmediato lanzando gritillos de felicidad y brincoteando por la habitación, rápidamente hice llamadas, mi madre fue la primera, después Samanta, ambas gritaron de gozo cuando les conté la noticia, mi amiga dijo que debíamos celebrarlo esa noche y, embriagarnos como celebración; la emoción se apoderó de mí y desde temprano me preparé para estar lista, desayuné ligero y comí temprano, me arreglé con lo mejor que tenía y partí de nuevo a la empresa con una enorme sonrisa, totalmente satisfecha por el resultado, en esos momentos me sentía como la mujer más prometedora de mi generación, por mis propios méritos había conseguido un empleo y no uno cualquiera, sino uno que era excelente, que podía catapultar mi carrera hasta lo más alto.
La señorita de la recepción me reconoció y me sonrió.
-Buenas tardes, soy Agatha Salas, vengo por lo del empleo-. Dije como lo mejor de todo.
Ella asintió con la cabeza.
-Sí, el señor Andrés Mons la está esperando en su oficina-. Me comunicó y agradecí, y me encaminé casi dando brinquitos, al llegar frente a la puerta de su oficina di un par de golpecitos discretos y aguardé un momento, el señor Mons de inmediato me abrió la puerta con una sonrisa.
-Buenas tardes Señorita Salas, adelante-. Me dejó pasar y tomé lugar aun sosteniendo la sonrisa.
-Les agradezco mucho por el empleo, me esforzaré, les…-
-Tiene el puesto de asistente-. Musitó entrelazando los dedos sobre el escritorio.
Mi sonrisa se borró rápidamente, fruncí el ceño.
-No, debe haber un error, yo aplique para el apuesto de…-
-Oh sí, eso sí lo sabemos, es solo que ese puesto ya se ocupó, pero como vemos que sería muy buen elemento, le otorgamos el puesto de asistente…-
-Pero…-
-No se preocupe, no es mal puesto, el salario es superior al del que usted solicitó-. Sonrió, yo parpadeé -¿Oh es que no desea al empleo señorita?- Hizo un gesto de preocupación falso.
Me sacudí la cabeza y vi oportunidades, “está bien” “me estaban dando empleo”
-¿Cuánto es el sueldo?- Intenté sonreír.
-$40.000 mensual.- Confirmó.
Abrí la boca incrédula, eran $20.00 más que el otro puesto.
-¿Asistente en que, perdón?- Una simple asistente no ganaría ese sueldo.
-Oh sí, seria usted asistente del presidente ejecutivo de esta empresa-.
-¿Ejecutivo dice?- Pestañe.
-Así es-. La sonrisa del hombre era enorme.
Una emoción me recorrió el estómago subiendo por mi tráquea hasta formar una sonrisa, me sentí tan afortunada.
-Está bien, acepto el puesto-. Dije, y el hombre me extendió el contrato entregándome un bolígrafo, leí el papel, tenía pocas cláusulas, unas de las más importantes era que tenía un voto de confidencialidad que entendí por obvias razones, y la otra era que el contrato solo era de 6 meses, lo que comente al hombre, él de inmediato me contestó.
-Son 6 meses de prueba solamente, si estamos contentos con su desempeño o usted está conforme, le renovamos el contrato por un año-. Dijo y asentí con la cabeza, tomando el bolígrafo -solo una última cosa-. Interrumpió el hombre.
Lo miré.
-¿Si?, ¿Qué cosa?-
-Solo que el presidente ejecutivo no está aquí, debería usted moverse de estado para el empleo, solo por estos 6 meses de prueba-. Anunció, abrí levemente la boca pensando, ¡mudarme!, tampoco era tan lejos, solo sería por unos meses, tendría alojamiento y no tenía ningún compromiso, lo medité un poco más, un escalofrió recorrió mi espina dorsal, que extrañamente sentí como en advertencia, pero lo ignoré, no podría encontrar un empleo mejor que ese y todo estaba pagado, no ocupé decidirme mucho tiempo.
-No tengo problema-. Dije y lo firmé contenta, era un buen comienzo.
El hombre me extendió la mano y yo se la tomé contenta, más satisfecha de lo que esperaba.
-Muchas gracias-.
-A usted, estoy seguro que se esforzará-, sonrió -comenzaría usted el lunes, le recomiendo que compre el vuelo desde un día antes, mi secretaria le pasará los datos de su nuevo apartamento y el viaje está a cuenta de la empresa, un encargado del presidente la recogerá en el aeropuerto cuando llegue, no se preocupe-. Finalizó, lo único que me restaba era esperar indicaciones, me despedí y salí de la compañía con una enorme sonrisa, mucho muy satisfecha por el resultado, en cuanto aborde el autobús llame a mi madre y a Samanta, ambas mujeres gritaron en medio de la emoción, dándome una punzada de felicidad mucho más grande, Samanta dijo que era ya obligado que fuéramos a celebrar esa noche y mamá me invitó a comer.
Visite a mi madre aquella tarde, ella había comprado mi postre favorito de todos los tiempos en menos de un minuto (fresas con crema) y allí en su casa hablamos por largo rato, le tuve que comentar sobre mi estadía los 6 meses en el estado vecino, creí que opinaría negativamente pero me sorprendí al saber que ella me apoyaba en todos los aspectos siempre y cuando la llamara todos los días, después de eso regresé a mi departamento donde Samanta me esperaba dentro con botellas de alcohol en las manos.
-¡Muchas felicidades!- Dijo en cuanto entre al departamento tomándome por sorpresa.
-Oh Samanta-, corrí a abrazarla -¿Cómo entraste?, ¿creí que tenías las llaves perdidas?- Pregunté mientras ella dejaba las botellas sobre la mesita de la sala.
-Yo igual, las encontré en la canasta de mi gato ladrón esta mañana, así que pensé en darte una sorpresa-. Sacó dos vasos de plástico de mi cocina y vertió al Vodka.
-Creí que iríamos a algún bar-. Tomé mi vaso y le agregué jugo de arándanos mientras mi amiga se tomaba el suyo sin el jugo, ella no hizo muecas cuando lo bebió todo de hilo.
-Bueno, era parte de la sorpresa-. Se carcajeó volviendo a servirse, yo di mi primer sorbo, nunca me había caracterizado por ser una buena bebedora, en cambio Samanta, bueno, ella si tenía un turbio pasado con el alcohol.
Esa noche ambas celebramos, yo estaba que reventaba de alegría, Samanta se notaba que estaba orgullosa de mi hasta por los codos y esa noche, si me embriagué, en dos días tomaría el vuelo para una nueva vida, una nueva experiencia que beneficiaría mucho mi carrera y sobre todo, al fin ganaría dinero, ¡sí!, ¡mucho dinero!
Samanta, mi madre y yo, los dos días que restaban, previos a mi vuelo, me ayudaron con las compras necesarias, me ayudaron a empacar lo indispensable y sobre todo ambas fueron conmigo a comprar el boleto de mi vuelo; todo era un sueño, un lindo sueño que deseaba no terminara nunca, fueron dos días de risas y lágrimas, había ganado la lotería y me jactaba en mis r************* de mi nuevo empleo y mi futuro prometedor, ¡sí! deseaba provocar algunas envidias, me quedé en casa de mi madre los dos días, ella rebosaba de alegría e imaginaba mi futuro con historias bastante hermosas, por las noches me quedaba en mi computadora a investigar el estado en el que viviría por 6 meses, el estado contaba con playas, era un sitio bastante tropical en el que el turismo apenas comenzaba, mi corazón brincó en mi pecho, ¡nunca había estado en la playa! Mi madre jamás había podido pagar unas buenas vacaciones, para ambas porque trabajaba mucho para sacarme a delante y yo todo lo que ganaba en los trabajos esporádicos que tenía eran para pagar un nuevo semestre en la escuela, así que mirando las hermosas fotos de las playas llenas de palmeras y arena blanca, elogiaba mi buena suerte y mi soñado empleo, sin saber que se convertiría en la peor decisión que había tomado en mi vida.
…
Mi madre y Samanta me acompañaron por la noche del domingo al aeropuerto, y cuando estaba por abordar, fueron unos momentos de lágrimas, mi madre me abrazó susurrándome que estaba completamente orgullosa de mi, mis ojos se empañaron cuando la escuché, eso era lo que deseaba que mi madre dijera de mí siempre, Samanta me comentó que me llamaría todas las noches y lloró también un poco, más tarde ya estaba sobre el avión envuelta en una bruma melancólica y con una emoción cosquillándome el estómago, el viaje no era largo, solo serían 9 horas en avión, llegaría a las 7 de la mañana del lunes, lo que me serviría para tomar una siesta reparadora, así que cerré mis ojos con sueño, “mañana sería un nuevo día, un día maravilloso donde daría lo mejor de mí, donde mi madre seguiría orgullosa, donde su esfuerzo de toda su vida se vieran compensados”, así que acomodé mi almohada y de inmediato me quedé dormida.