27

1215 Words

— ¡Hermano! —exclamó Alberto, al entrar a la habitación y verle recostado en la camilla sin poder moverse porque está envuelto en un yeso su pierna derecha, y por su pecho cruza una venda blanca. — ¿Qué haces aquí? —preguntó con altanería José Luis. — Vengo a ver a mi hermanito del alma. — Vete Alberto, no tienes nada que hacer aquí. — ¡No! Yo soy tu amigo y no te voy a dejar a la deriva, aunque me corras como lo hiciste con tu esposa, pero no me iré y aquí me tendrás encima de ti todo el tiempo que sea necesario. — Hermano, te necesito. — ¡Por favor perdóname por ser tan idiota! —dijo finalmente José Luis, reconociendo que se ha equivocado y que no tiene a nadie más de su lado que a su amigo. — Estoy contigo, mi hermano del alma, puedes estar tranquilo que yo cu

Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD