Alberto trata de que su amigo le diga la verdad acerca de los sentimientos que tiene por Clara Isabel, pero este se niega a reconocer lo evidente. — Me agrada. —respondió su amigo, en forma tajante y sin deseos de ahondar más en el tema. — Ya cuéntame, por favor. Soy tu amigo del alma y merezco saber de primera mano sobre lo que está pasando en ese cerebro de pendejo que tienes. —insistió Alberto. — Olvídate de ello y mejor salgamos porque a mí me urge hablar con Clara Isabel, ya que, la pobre cree que por estar con aquella chica, la voy a dejar a ella. — Si no la quieres, suéltala José Luis. Deja que ella sea libre como las aves y tú solo encárgate de ayudarle con la manutención del hijo de ambos. —habló el joven Alberto, pero ahora en tono serio por la delicadeza del asunto. Muy des

