Concluida la charla ingresaron en una copiosa oficina donde un hombre -de vestimentas más cercanas a finales del siglo XX- estaba mirando por los vitrales inmerso en sus pensamientos, y al presentir la llegada volteó con la algarabía de quien ve su tierra luego de años de ausencia, y por su parte aun pese a su escasa memoria Miguel pudo reconocer a aquel hombre quien sin duda alguna se trataba de su abuelo; ambos se abrazaron, pero el tiempo apremiaba y no podían dejar pasar esa oportunidad en trivialidades. Sentados sobre unos cómodos sillones, Miguel, su abuelo y Kuranes estaban dispuestos a dar inicio a su charla; el abuelo hablaría narrando su historia: “Estoy más que orgulloso por tener un nieto como tú y lamento en verdad la pérdida de tus padres. Sé muy bien has dado con mis talla

