-¿Me quieres repetir por qué estamos aquí?- le volví a preguntar por enésima vez en toda la tarde. Él se llevó una de sus manos al puente de su nariz intentando controlar sus ganas de asesinarme, de seguro. -Tengo ganas de asesinarte- me confirmó mirándome de reojo. Yo rodé los ojos, importándome poco su comentario poco constructivo. -Sabes que tengo paciencia, pero no juegues con ella porque conocerás al verdadero monstruo- me amenazó. -¿y qué quieres que haga? ¿Qué te aplauda? ¿Qué me quede quieto como una columna mientras sigo siendo arrastrado por todos lados gracias a ti? ¿De quién es la culpa de que haya terminado así? -¿Sabes?- se levantó de la silla en la que había estado sentado casi toda la mañana- Me cansé. ¿Quieres quédate solo? Genial, me ahorras mucho por ello- tomó

