Pensamientos

543 Words
—No, no se equivoca. Lamento haberla subestimado, no fue mi intención. —Tome asiento, por favor — sonrió. Realmente a veces pongo en duda que realmente no pueda ver. Ahí sentado, solo podía ver la manera en que hacía y deshacía en la cocina. El vaivén de sus caderas caminando de un lado para otro. Quería ofrecerle mi ayuda, pero no quiero de ninguna forma hacerla sentir mal. Mucho menos luego de lo que sucedió hace poco. Tiene muchos utensilios que le ayudan a que sea menos complejo el cocinar. Es muy hábil. Encuentro admirable todo lo que hace. Lo mismo sucede en la oficina. Existen algunas cosas que me cuesta trabajo hacerlas y ella las ejecuta sin problema alguno. Ojalá existieran más personas como ella. —Lamento mucho la espera. No es comida como la que acostumbra a cenar, pero le aseguro que no le va a disgustar — sirvió el plato en la mesa, y me logré percatar de lo colorido y adornado que se encontraba. —¿Hay algo que no sepa hacer, Srta. Genesis? —Manejar — llevó su mano a los labios y sonrió dulcemente. Es demasiado pura y dulce para alguien como yo. Mi mente me traiciona muchas veces. —Aunque me gustaría algún día intentarlo. Sé que sería un peligro inminente al volante, pero he oído decir que la tecnología cada vez es más avanzada. —Tiene toda la razón. Se quitó el saco para ponerse cómoda y mis ojos se desviaron hacia sus pechos. Los botones de su blusa estaban cerrados, pero para mí imaginación jamás ha habido imposibles. Por más que traté de no mirarla, no podía apartar la vista de ella. Solo se apreciaba su cuello y el collar de perlas que colgaba de el. Desajusté mi corbata, pues sentía que me estaba asfixiando. —¿También tiene calor? —¿Calor? Sí, tengo mucho calor. ¿Cómo lo supo? —Su respiración se volvió agitada de repente. Asumí que esa debía ser la razón. Puede ponerse cómodo también. Voy a encender la calefacción. Olvidé hacerlo cuando llegué. Lo siento mucho. Es mejor que se fuera mientras trataba de calmar ese calor. Esa mujer hace arder mi piel con solo hablar. Era de esperarse que viéndola de esa manera, iba a suceder lo mismo. No me agrada ese sentimiento tan negativo que me genera desnudarla con la mirada. Me siento como un degenerado. Debo alejar todos esos pensamientos tan obscenos y perversos que vienen como una ola en cadena. La cena estuvo deliciosa. Solo me traía recuerdos de la comida que preparaba mi mamá. Desde que comencé a vivir solo, la comida que este cuerpo recibe es chatarra. No he tomado el tiempo de aprender a cocinar, en gran parte es por vagancia. —Estaba muy delicioso. Tiene muchos talentos ocultos. Debo admitir que me gustaría conocer cada uno de ellos. Sonreí al darme cuenta de su sonrojo. —Muchas gracias. Me alegra mucho saber que le ha gustado tanto. Es la primera persona que prueba mi comida. —¿Y sus padres? Imagino que salieron o están trabajando, ¿no? —No. Desde hace ocho meses vivo sola. —¿Qué? —¿Ahora es que se da cuenta? — rio.
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