Habían pasado días desde el funeral de Raven y todavía me resultaba difícil hacer frente a su ausencia. Sin ella cerca. Me encontré durmiendo en su habitación porque todavía tenía su olor en todo. Zeke sabía que si no estaba en mi habitación, estaría en la suya. Pero un día entró allí y me sorprendió revisando su escritorio. —¿Qué es eso? —preguntó Zeke. —Un cuaderno de dibujos. ¿Sabías que ella podía dibujar? —pregunté. —No. Nunca la vi dibujar —dijo. Así que le mostré el dibujo que Raven había hecho de él y era tan realista. Había capturado todos los aspectos de él de manera inconfundible. Y era una obra maestra brillante. —Está fechado dos días después de que ella llegó —dije. —¿Cuando me odiaba? Pensé que al menos tendría cuernos de diablo o algo así en él —dijo Zeke. —No. Supon

