En cuanto volvimos a nuestra habitación, estaba feliz de finalmente liberar las pinzas de mi cabello y dejar que fluyera libremente. Al final de la noche empezaron a clavarse en mi cabeza. Con la puerta cerrada no podíamos oír la fiesta de abajo. Por lo que estaba muy agradecida. Debe de haber sido insonorizada. Los chicos se quitaron los abrigos y los lanzaron sobre el respaldo del sofá que estaba junto a la pared y yo solo me quedé parada mirándolos por un momento. Caminé lentamente hacia ellos y me di vuelta frente a Bellamy. —¿Puedes desabrocharme? —pregunté. —Claro —dijo él. Movió lentamente sus manos por mis brazos y sobre mis hombros hasta llegar a la parte posterior del vestido y lentamente bajó la cremallera. Pude sentir las mariposas en mi estómago, sabiendo exactamente lo

