Sara. Entre furiosa a la casa. Se suponía que el cambio de ciudad por día ayudar a resolver nuestro matrimonio puesto que esa tipa estaría a miles de kilómetros de el, pero no. Ahora está aquí. —¡Sara! ¡SARA HIJA! ¿Que pasó?—Mi madre me ha seguido hasta mi habitación, ella es con la única que puedo hablar seriamente de esto con la que puedo desahogarme. —¡Esa estúpida Emma! Esta aquí en Chicago.—No voy a llorar, no pienso llorar aunque me ahogue con mis propias lágrimas.—Ha venido por el. —Ay cariño.—Me abrace de ella, no se como pude pasar tantos años lejos de ella, es como si estos años jamas hubiera pasado y sigo siendo esa chica que se metía en problemas por todo.—Por mucho que me cueste creerlo, pero es mejor ya terminar con esto. Firma el divorcio cuanto antes. Acepta las conduci

