Punto de vista de Cecilia Parpadeé, tragué saliva y traté de recordar cómo se hablaba en voz alta. Vale. Respira hondo. Ya estaba en esta especie de cena sorpresa-caza sin salida. No había forma de echarse atrás. Enderecé la espalda y me giré hacia él con la voz más educada y formal que encontré. "Bien, pues... siéntase como en casa, Alfa. Yo iré a echarle una mano a Harper en la cocina." Seco. Correcto. Como lo que le dirías a tu jefe en una barbacoa obligatoria de equipo. Pero Sebastián —maldito sea— solo sonrió de esa forma suya, lenta y con intención, como si ya supiera el caos que iba a desatar. "Cici," dijo en voz baja, "ya no estamos trabajando." El tiempo se congeló. Juro que hasta el universo contuvo la respiración. El silencio que siguió fue tan

