Punto de vista de Cecilia El mensaje flotaba en la barra de notificaciones de mi teléfono, con un tono relajado que claramente era una trampa: ¿No quieres subir? Puedo bajártelo. El corazón se me detuvo por un instante mientras me quedaba mirando esas palabras. Después de lo que pareció media vida, por fin contesté: Ya comí. Estoy camino a la oficina. Lo envié y lancé el móvil a un lado, como si de verdad me quemara los dedos. El sol estaba ya a todo lo que daba, aunque aún era temprano, y el calor me daba en la cara con tanta fuerza que ni siquiera podía abrir bien los ojos. Tenía la cabeza espesa, me costaba respirar... Diosa Luna, cómo odiaba sentirme así. Lo detestaba. En serio, lo detestaba. Entrecerrando los ojos por la luz, al borde de las lágrimas, llegué

