Estaba hundida en los brazos de Morfeo, con la cara enterrada en la almohada, como si dormir pudiera dejarme huir de la vida real, cuando el timbre sonó de golpe, rompiendo el silencio de la mañana como un cuchillo. Ese ruido me sacó de un tirón del sueño. Me incorporé de golpe, con el corazón a mil, el cabello hecho un desastre como si me hubiera peleado con un tornado y perdido. Miré a mi lado, luego hacia la puerta. ¿¡Quién demonios puede ser a esta hora!? ¡¿Será Liam o Sawyer?! "Voy yo," murmuró Sebastian con la voz rasposa del sueño, ya moviéndose para levantarse. "¡Ni se te ocurra!" Le agarré el brazo y lo jalé de vuelta con más fuerza de la que esperaba. "Voy yo. Tú quédate aquí y ni se te ocurra salir, o te juro que—" La amenaza se atascó antes de salir. ¿

