Perspectiva de Cecilia Volví al comedor y me encontré con que Sebastian ya había servido un desayuno sorprendentemente refinado: ensalada fresca, huevos fritos con esa yema medio líquida perfecta, tostadas con mermelada casera, leche fría y un pastelito que parecía recién salido de una pastelería. "Esto se ve increíble," dije mientras me sentaba en mi silla. Tomé el cuchillo y el tenedor, comiendo despacio, tratando de no pensar en las cosas raras que había descubierto en su villa. Sebastian no estaba comiendo. Solo se limitaba a observarme, siguiendo cada movimiento mío con la mirada. Al principio hice como que no me daba cuenta, enfocada en la comida y evitando cruzar miradas con él. Pero cuando el silencio empezó a alargarse incómodamente, su mirada fija se volvió im

