Punto de vista de Sebastian Mis ojos se oscurecieron al verla dormida. Aún me perseguía el recuerdo de aquel beso a medianoche—sus labios, más suaves que pétalos de rosa, más dulces que un pastel de fresa. Con un solo bocado, supe que estaba perdido. No debía seguir mirándola. Pero no podía apartar la vista. Inclinado sobre ella, me dejé llevar. El aroma a melón aún flotaba en su aliento, mezclado con su esencia natural que traía loco a mi lobo desde semanas atrás. [Sólo una probadita,] gruñó Soren en mi mente. [Ella no lo sabrá.] Mis dedos se clavaban en el apoyabrazos, luchando contra el impulso. No, esto estaba mal. Ella estaba dormida, indefensa. Pero maldita sea, cuánto la deseaba. Me incliné más. Mis labios quedaron a nada de los suyos... l

