Sus venas se marcaron en el cuello y en los brazos. Me quedé congelada, sin saber muy bien por qué. Aún sostenía la venda sin acabar. "Casi termino... ¿Te hice daño?" La expresión de Alpha Sebastian era dura, como si se le cruzaran mil cosas por la cabeza. No contestó. Solo empujó mis manos suavemente. "Déjalo. Yo termino." Frío. Su respiración estaba acelerada. Me quedé petrificada, sintiendo una rabia que subía sin aviso. Había sido cuidadosa. Atenta. Profesional. Entonces, ¿cuál era su maldito problema? ¿Tan difícil era trabajar como su secretaria sin perder la cordura? Debió darse cuenta de que la estaba cagando, porque cambió de tono. "Ve a preparar algo en la cocina," dijo, esta vez más leve. "Muero de hambre." Estuve a nada de renunciar en ese m

