Sebastian me puso a trabajar sin freno, lanzando documentos uno tras otro como si fuera una impresora humana. Y cuando apenas terminaba de revisar unos balances, ya me ponían encima papeles legales. Nunca acababa. A las 11:30 PM, los ojos me ardían. Alcé disimuladamente el frasquito de gotas, me eché un par mirando hacia arriba. "Cecilia." Su voz me sorprendió tanto que me estremecí, haciendo que las gotas resbalaran hasta mi mejilla cuando lo miré. Sebastian me observaba con un documento en mano, pero se fijó en el líquido que me bajaba por la cara. Su expresión blandió un poco, como si pensara que estaba llorando. "No necesitas llorar solo porque trabajamos hasta tarde," dijo con un tono suave totalmente inesperado. "¡No estoy llorando!" repliqué, entre avergonzada

