No dijimos nada. En el coche rumbo a ONE°15 Marina, el silencio era demasiado pesado. Estaba sentada atrás, tan tensa como una cuerda desde el cuello hasta los pies. Intentaba relajarme. Lo intentaba. Pero cada vez que cerraba los ojos aunque fuera por un segundo, todo lo que me venía era la sensación de su piel caliente, mis labios en su mandíbula—sin querer, sin buscarlo, imborrable. "Cecilia." Su voz profunda, algo despreocupada, sonó a mi lado. Respondí al instante, como si tuviera un resorte. "Sí, Alfa. ¿En qué puedo ayudarlo?" "Tráeme un poco de agua." "Claro." Saqué una botella del refrigerador del coche, la abrí y se la ofrecí. Sebastian la empujó de vuelta hacia mí. "Toma. Bebe. Tranquilízate. No te vuelvas loca por errores... laborales." Por la

