Aunque bueno... la decepción la tenía comprada. Poco después apareció Amara, sostenida por dos empleadas. Ni aunque hubiera dormido un rato, se veía muy mejor. Cuando bajamos del yate, Sawyer y yo dudamos, medio frenados: no queríamos otra escena de ‘impropiedad’. Cruzamos miradas y sin decir nada, coincidimos: dejemos que Sebastian se arregle con ella. Le rogábamos con la mirada: por fa, esta vez te toca a ti. Y su rostro lo dijo todo. Amara se apoyó en su brazo, lista para hacer un papelón si no la sujetaba. Y claro, no podía dejar tirada a su gerente delante de todos. Terminó ayudándola a bajar. En el muelle, su chofer ya tenía la puerta del auto abierta. "¿Dónde está tu coche?" preguntó Sebastian, sujetando a Amara que ya se dejaba caer encima suyo. "Ni ide

