"Tú sabes mejor que nadie. Bañarse después de beber no es lujo, es una locura." Sus ojos vacilaron un segundo. Esa seguridad en ella titubeó. Y en ese instante, ya no parecía una dama elegante sino alguien que estaba al borde de perder el control por completo. No dejé pasar la oportunidad y la llevé—sin brusquedad pero sin opción—de vuelta al sofá. No se resistió. Estaba demasiado sorprendida, o tal vez sólo agotada. Pedí agua con miel por teléfono, usando un tono seco y formal. Antes de que pudiera soltar el auricular, mi celular vibró. Solo tenía dos contactos guardados en este móvil nuevo: Sebastián y Sawyer. Al ver que era Sebastián, miré de reojo a Amara en el sillón. Tal vez ya se había calmado y quería saber cómo estaba. Contesté sin pensarlo, "¿Hola?" "Ven a

