Capitulo 1

2596 Words
Amo el baile, amo las fiestas! —La pequeña Sandra disfrutaba de bailar con su hermano mayor con una música muy movida en aquel gran salón. —Si, y yo tengo que ser el que se sacrifique con tal que te diviertas. En el baile, todos giraban mientras la fila se movía, en momentos algunos de los participantes pasaban dentro del círculo y todos bailaban a su alrededor. —Pero no te preocupes hermana, ya me devolverás el favor después. —¿Serías capaz de cobrarle algo a tu pequeña hermana? ¡Qué decepción! —Claro que sí, mientras se trate de que ella haga mis quehaceres mientras yo salgo a pasear, no sentiré ningún remordimiento. La fiesta estaba en su mejor momento, en la reunión estaba toda la familia y personas cercanas al conde Sidgurd, un ejemplar político francés que había hecho el viaje a Tortuga muchos años antes. Administrando sus propios negocios y asuntos del monarca Francés. Él había tenido tres hijos. Su primogénito, el joven Koar, su hija menor, la joven Sandra y el pequeño y noble Eiko. Todos con excelentes valores y destinados a llevar los negocios familiares en un futuro. —Venga, ¿Qué no te cansas de bailar Sandra?—Preguntaba fatigado Koar. —Creo que el peso de tus años te está cobrando factura hermano.—Lo soltó para dar unos giros a gran velocidad. —Yo podría hacer esto toda la noche. —¡Niña presumida! Cuando hagas todo el trabajo que yo y no solo estés en casa jugando, entonces si podrás decirme algo. —La miraba con mucha gracia mientras se sentaba a descansar. La estaban pasando muy bien en la fiesta como siempre que se reunía la familia. Todo era diversión y felicidad. —Por favor, por favor, denme su atención. —El anfitrión, el conde Sidgurd levantaba una copa de vino para solicitar un brindis. —¡Quiero pedir su atención por favor para brindar por todos ustedes que me acompañan en este día tan especial. En el cual, recibiré el último de los barcos con un enorme cargamento de especias y pieles con los que por fin podré liquidar mi deuda al Marqués Brokar. Esto me permitirá ser el único dueño de esta plantación así como líder absoluto de todas mis tierras, y eso queridos familiares, nos beneficiará a todos. ¡Habrá riquezas y trabajo para muchas de nuestras generaciones! Los aplausos y gritos no se hicieron esperar por parte de todos los ahí reunidos, compartían la emoción y el éxito por su máximo representante familiar y esperaban una gran fortuna para todos ellos. —¡Hoy vamos a beber, comer y bailar como nos merecemos, diviertanse que a partir de mañana todo será trabajo! El salón era bastante grande, un poco menos lujoso de lo que se esperaría considerando la posición y dinero de la familia. Pero durante los dos años que participó en los negocios con el Marqués más influyente del imperio Francés, tuvo que acortar un poco de gastos para el resto pagarlo en sus inversiones. Esta estrategia le permitió vivir bien aunque sin los lujos acostumbrados pero con ese sacrificio adquiriría una enorme fortuna para disfrutar en toda su vida. El salón tenía sillas y mesas con una gran variedad de comida que todos podían ir y servirse a su antojo. Doce músicos eran los encargados de poner el ambiente con melodías muy movidas de aquella época. Además, las vestimentas dejaron de ser muy formales en ese día. Camisas delgadas y sacos de cuero era lo que vestían los hombres. Pantalones robustos de color café en su mayoría aunque habían otros como n***o y gris. Las mujeres que optaron por el glamour y no por el baile se vestían con largos vestidos muy elegantes, las que si querían bailar se les autorizó usar un pantalón cómodo que se los permitiera. En su mayoría zapatos y zapatillas de cuero cubrían los pies de los invitados. El conde era un hombre muy alegre casi siempre, tenía 48 años y la vida en el nuevo mundo le había asentado muy bien. En momentos de distracción, solo miraba a su familia para volver a sonreír y continuar con sus labores. Pero ni en ese día de fiesta se privó de su elegante saco color azul, su peluca con risos hasta los hombros de color blanca, su pantalón marrón y zapatos negros. A su lado, su hermosa esposa la señora Mai de Brucel. Apellido adquirido a través de su matrimonio con él. Una señora muy elegante y 10 años más joven que él, aunque con la buena vida, su rostro daba más juventud. Ella portaba un vestido blanco muy largo que no permitía ver sus cuidados pies ni el calzado que usaba, además llegaba hasta su cuello y solo dejaba ver un pequeño corte para mostrar su cadena de oro bajar por la garganta. Cabello rubio, rostro blanco, ojos azules y facciones finas y delgadas. Su belleza era notable y el Conde seguía muy enamorado de ella en más de 20 años de matrimonio. Acompañados en la mesa principal por varios familiares, casi todos hermanos de él y algunos más de ella. Personas que decidieron hacer el viaje para seguir con su ejemplo de fortuna en esa Isla. —Miren, justo viene entrando mi emisario para informarme sobre el buque que llega con mi cargamento. —El conde finalizó su discurso para darle la bienvenida a su hombre de confianza que entraba a través de las grandes puertas de madera que cerraban el lugar. Pero su actitud no era muy alegre como es de esperarse de alguien que trae buenas noticias o que se integra a una fiesta. Cruzó rápidamente todo el salón sin prestarle saludo a nadie con la única intención de llegar con su jefe. —Pasa amigo mío, siéntate y come algo. —El conde seguía muy amable. —Con esa cara que traes, esta fiesta te vendrá muy bien. —Señor no traigo buenas noticias. —El hombre era joven, 30 años de edad y venía vestido con un pantalón café, una camisa blanca, un saco café claro y un gorro del mismo color. Un rostro pálido le impedía verse agradable y el exceso de sudor daba notar la carrera que hizo para llegar ahí. —¿Pero qué pasa?, ¿Por qué estás tan agitado? —El barco no llegó mi señor, fue capturado y probablemente hundido en el mar. —¿Cómo dices? —Golpeó la mesa inconscientemente al recibir esa noticia. Pero trató de tranquilizarse al ver qué sus invitados lo notaron y volteaban a ver. —¿Estás seguro?, ¿Quién te dió esa notificación? —Estuve esperando en el puerto como me pidió desde la tarde, pero nuestro barco no llegaba, incluso esperé varias horas más pero ni a lo lejos podía verse. Comencé a preocuparme pero nunca quité la mirada del horizonte con la esperanza de verlo llegar. Pero no fue así, en vez de eso, un pequeño bote con tres hombres remando llegaron a puerto. Me acerqué a ellos para saber si habían visto algo, los pobres venían aterrados y heridos, con cortaduras en sus rostros y extremidades. —Fuimos atacados en el mar por unos piratas. —Me dijo uno de ellos. —Veníamos a bordo del "Destello de la luna" un barco que tenía que ser entregado al conde Sigurd Brucel en esta isla. Esos bastardos no tardaron en invadirnos y robar todo el cargamento pero no se conformaron con eso, nos torturaron para sacarnos información con preguntas que no sabíamos respuestas. Hicimos todo lo que querían pero al final no fue suficiente. Hicieron un estúpido juego con toda la tripulación donde solo tres de nosotros sobreviríamos. No sabe las barbaridades que esos hombres hacen para entretenerse. Nosotros tres tuvimos la mejor suerte y nos dieron ese bote para que pudiéramos venir y dar el mensaje que nadie pasa sin dar tributo. El conde se quedó frío y con una reacción de angustia al escuchar esas palabras. —Esa versión me dieron esos hombres, les ayudé lo más que pude para que atendieran sus heridas, los llevé a un pequeño refugio y vine corriendo para avisarle mi señor. El conde estaba aterrado, la historia que le contó sumándole a sus problemas que esto traería a su vida, era muy malo y tenía que buscar una pronta solución. —¿Dónde están esos hombres ahora? —Levantó la mirada buscando un poco de esperanza. —Les haré algunas preguntas y no tendremos más remedio que ir al mar a buscar a esos granujas y recuperar lo nuestro. —¿Está hablando en serio? —Se desconcertó y se alteró con la propuesta. —Esos hombres no se tientan el corazón, no temen morir, su fama y acciones se cuentan a los niños como historias de terror, ir a enfrentarlos ¿Con ayuda de quién? Nadie lo haría y no podemos costear un ejército que nos ayude. Y si vamos nosotros mismos iremos solo a morir. —Tal vez si hablo con el Marqués, él pueda prestarme hombres, entenderá la situación y juntos podremos recuperar la mercancía. —Ese Marqués solo piensa en sí mismo, ¿Qué le hace creer que si le notificamos no irá el mismo a reclamar el botín para él? o si nos ayuda ¿qué garantías hay que no aumente la deuda mucho más a la que tenemos? —¿Por qué justo ahora tuvo que llegarnos esta desgracia? —Se jalaba la peluca con desesperación. El joven Koar se mantuvo muy observador a las reacciones de su padre y su emisario durante todo el rato y se dió cuenta que algo no estaba bien. Decidió acercarse para tomar su lugar en la mesa y ofrecer algún consejo. —Padre ¿Se encuentra bien? —Se sentó junto a él y le tomó de la mano. —Sí hijo, ve a divertirte que esta fiesta es para eso. Yo tendré que salir un momento a solucionar lo de un atraso. —Padre, si en algo puedo ayudarle puede confiar en mí. —¡Que no, que te vayas a atender a los invitados, a eso me ayudarías. No a estar preguntando! —Se desesperó por la insistencia del joven y sin importar que los demás escucharan lo corrió de su lado. Koar con mucho sentimiento por nunca haber sido considerado por su padre para confiar en él y los asuntos importantes, se mordió los labios y se quitó de ahí. Caminó a la parte de atrás del salón y ahí pateó unos barriles sacando un poco de su frustración. Lo hizo lamentándose por ser tratado de esa forma cuando lo único que deseaba era ayudar. Permaneció ahí sentado durante unos minutos, con el sentimiento a borde de mostrarse como lágrimas en sus ojos. Sus deseos de estar en la fiesta habían desaparecido por completo. Desde su lugar podían observarse las sombras que pasaban por el exterior, comenzó a observar un movimiento anormal cuando muchas sombras de soldados rodeaban el salón dispuestos a entrar. Se levantó muy agitado, con mucha curiosidad de saber que pasaba. Se asomó al salón donde la fiesta se llevaba a cabo para intentar avisar a alguien lo que estaba viendo pero fue muy tarde para hacerlo. Los soldados comenzaron a entrar irrumpiendo la fiesta y sometiendo a todos apuntando con sus armas. —¡Que nadie se mueva, venimos a realizar un arresto! —Uno de los guardias daba las órdenes. Los gritos de sorpresa y temor se hicieron presentes por los invitados en la fiesta y no tuvieron más remedio que cooperar con la autoridad. —¿Pero qué significa esto, soldado? —Preguntaba molesto el Conde. —¿No sabe en propiedad de quién está? Esto le costará su puesto. —Él sabe perfectamente en donde está, solo cumple órdenes. —Un hombre entraba caminando con mucha elegancia en medio de los guardias que apuntaban. —¿Usted?, ¿qué significa esto Marqués Brokar?—Estaba desconcertado el conde por esa irrupción en su propiedad. —Me temo querido amigo que tengo que arrestarte por el incumplimiento de nuestro acuerdo. —Era un hombre alto con una peluca blanca que sobrepasaba sus hombros, llevaba un saco n***o con muchas medallas en él, unas botas de cuero muy largas que cubrían el pantalón n***o con rojo que llevaba puesto.—Me he enterado del desafortunado evento que sufrió tu barco en el mar justo antes de llegar al puerto. Has perdido toda tu mercancía lo cual te generará un atraso con la deuda y como estás incumplimiento este contrato. —Llevaba una hoja que sacó de su saco.—Me temo que eres considerado un delincuente y tendré que encarcelarte despojándote de tu rango y tomando posesión de tus pertenencias para cubrir tu deuda. —¿Estás demente? —El Conde había perdido la calma totalmente por su enojo. —Aún hay tiempo de ese pago, se vence hoy por la noche. Además, ese no es motivo para que irrumpas así y amenaces a mi familia. —Por favor no hagamos esto más difícil, en un par de horas anochecerá y no tienes forma de reunir esa cantidad. No me culpes a mi, hazlo a esos piratas que se robaron todo. —¡Eres un m*ld*t*, seguramente tenías planeado todo desde el inicio! —Los guardias se acercaban a él para apresarlo. —Cuando me trajiste aquí no pensabas que yo tuviera mis ganancias, era para que invirtiera mi dinero para quitármelo después. ¿Cómo pudiste enterarte tan pronto de mi pérdida? Seguramente esos piratas trabajan para ti. —Cierra tu boca, estás haciendo unas acusaciones muy severas sin pruebas. —El marqués no quería perder más tiempo ni ser más insultado en público.—¡Guardias, sáquenlo de aquí y también a sus hijos y esposa. Los demás pueden irse, la fiesta terminó! Koar se quedó paralizado desde su escondite donde pudo ver todo lo que pasaba, quería salir y rescatar a su padre pero entendió que sería más útil desde afuera. —¡No, suéltenme, yo no hice nada! Su hermana Sandra forcejeaba con los soldados que la agarraron de sus brazos cargándola afuera. Lo mismo ocurrió con su hermano pequeño que intentó correr pero los guardias bloquearon su camino. Su madre se entregó con mucha elegancia y sin presentar resistencia, solo subió y elevó su cabeza en señal de orgullo y caminó hacia la salida. —Ya tenemos a los hijos y a la esposa asegurados señor. —Reportaba el soldado. —Aún no está la familia completa, falta su hijo mayor, por favor vayan por él. El Marqués observó todo el panorama buscando al joven Koar pero no alcanzaba a verlo. —¿Dónde está el hijo mayor? —El marqués jaló del cuello al primer invitado que encontró para cuestionarle. —No lo se señor, él estaba aquí bailando con su hermana. —El m*ld*t* debió haberse escapado. —Susurró un poco molesto. —¡Guardias, busquen a un chico de cabello corto color café que seguramente está huyendo como cobarde por ahí, no debe ir muy lejos será sencillo que lo encuentren! Koar desde su escondite se puso alerta, sabía que era el momento ideal para salir de ahí y buscar un refugio. Pero no vió ninguna salida cercana, las únicas dos estaban repletas de guardias así que se escondió en el barril más alejado con la idea de permanecer escondido ahí rezando por no ser encontrado.
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