Tres días habían transcurrido en los que el barco pirata estuvo detenido en la misma posición. Tres largos días en los que Koar estuvo casi sin salir de la había que se le había asignado, solo con el pensamiento de regresar y ayudar a su familia. La desesperación lo estaba matando, los minutos pasaban muy lentamente mientras solo podía mirar el techo, escuchar los ruidos desagradables que los piratas hacían, algunas gaviotas en el mar y las olas chocando.
-¡Necesito salir de aquí! -Exclamó después que unos piratas golpearan su puerta s propósito para molestarle.
Salió muy enfurecido pero no sé atrevió a discutir con ellos, en su lugar se dirigió a dónde sabía que podía encontrar al amable contramaestre que siempre le respondía todo.
A gran velocidad salió a la cubierta del barco para buscarlo, al llegar la luz del sol le deslumbró los ojos por la gran intensidad de medio día que mostraba. Giró la cabeza en varias direcciones para buscarlo y al fin lo ubicó cerca del timón junto a la capitana. Titubeó un poco en acercarse pues la capitana seguía imponiendole mucho temor pero no deseaba quedarse ahí parado sintiendo la mirada de todos, además ya había salido y su fija misión le hizo avanzar rápidamente hasta llegar a las escaleras que llevaban al timón.