Don se veía preocupado y cansado. Me soltó y se sentó frente a mí en la barra de la cocina como evaluando algo. Me acerque a él y me coloqué entre sus piernas, él me sonrió y acarició mis glúteos, me pegó a él y lo oí suspirar sobre mi cuello. Por un momento pensé que sería posible que él y yo fuéramos más. —¡Don! —dije. —¡Qué bebe! —respondió y chupo mi cuello mientras acariciaba uno de mis pechos. Lo detuve. —Me gustas. —Y tú me gustas —contestó y besó mi nariz y luego mi boca, volvió a las caricias. —Pero quiero, quiero que sea algo más que solo sexo lo que haya entre los dos —confesé con firmeza fingida, hice magia para que mi voz no temblara. Él se detuvo en seco y me miró sorprendido. Se levantó y me apartó. —Tú eras la que quería solo sexo —dijo con expresión seria. —Porque

