Alexander reía sin parar. -No mami, no era yo, Alexis llegó y me dijo que no hablara, y el empujó el colchón, yo no podía aún soy pequeño, mami. Melissa lo vio, y no podía creerlo, que hacia ahí, si se había quedado en México. -Pero tu de que vas, que haces aquí. -un pajarito me dijo que necesitaban ayuda, veo que si, aún hay mucho que meter a la casa. -No necesito ayuda, puedo sola. -No mami, si necesitas ayuda, yo ya me cansé, tengo hambre. -Alexander, comiste hace poco, de verdad tienes hambre de nuevo. -Si mira, escucha mi pancita, hay duele, es que tengo muchaaaa hambre. -Eres incorregible Alexander. -Podemos ir por una pizza mami, por favor... Melissa sonreía por sus súplicas, su hijo era su debilidad, lo amaba tanto, el había logrado que ella fuera una mujer con fuerza, q

