—El único taxi que encontrarás ahora será el que pase a las seis de la mañana, y para eso... —Miró su reloj—. Faltan dos horas y media. A menos que quieras que Owen te lleve. —No, no quiero hablar con él ahorita. —Lo supuse. —Austin se quedó esperando una respuesta, y Renata suspiró con pesadez al no tener otra alternativa. —Vale, acepto. —El azabache sonrió y alzó la mano para que uno de los valet parking le entregara su auto. Renata aún seguía atenta a la explicación; no se le había olvidado el tema. Minutos más tarde, ella y Austin estaban dentro del auto rumbo a la casa de Corbin. Se sentía un poco extraña: había preferido que un extraño la llevara a su apartamento antes que pedírselo a Owen. Tampoco era como si su novio se hubiera preocupado mucho por cómo se iría del club. Sus

