Sus ojos se abrieron en demasía; esto tenía que ser una broma de parte de Austin, estaba casi segura. Bajó del auto y se dirigió a la hermosa casa de dos pisos con acabados de madera y loseta de color celeste. Se quedó pasmada por un momento; eso era algo que no se imaginó. —¿Creíste que por ser fotógrafo vivía debajo de un árbol? —dijo juguetón, con una sonrisa pícara. —No, claro que no, pero no creí que vivieras aquí —señaló el lugar. —¿Te gusta? —Renata asintió. Austin se acercó más a ella, susurrándole casi al oído: —Es hermosa —la chica musitó, y luego soltó un ligero quejido cuando sintió las manos de Austin sobre su cintura. —No tanto como tú —inclinó su cuerpo sobre el auto y pegó su frente a la de ella. Sonrieron. Renata estaba muy atenta a la casa, pero apenas sintió qu

