Me separé un poco de él, sintiendo cómo el frío del salón volvía a colarse entre nosotros ahora que el contacto físico se rompía. Mi mente ya estaba a kilómetros de distancia, recorriendo los bosques nublados y las calles húmedas de mi antiguo hogar, buscando el rostro de Morgra entre mis recuerdos. Pero el dolor en mi cadera me dio un tirón agudo, recordándome que no tenía el lujo de la nostalgia. —¿Cuándo vamos a partir? —le pregunté, mi voz sonando urgente y tensa—. No quiero pasar una noche más en este castillo.Silas,cuanto más tiempo nos quedemos aquí, más difícil será para mí mantener a raya a esa otra versión de mí. Silas me miró con una intensidad que me hizo estremecer. Sus ojos dorados recorrieron mi rostro, deteniéndose en mis labios, quizá recordando el beso que le di a Croga

