Un estruendo masivo sacudió la torre, mucho más cerca esta vez. Una de las paredes del cuarto se agrietó y el polvo cayó del techo. Los bebés empezaron a llorar con más fuerza. —Pues el plan de Silas está fallando —dije, poniéndome de pie y mirando la puerta con renovada determinación—. Porque si esa torre cae, no quedará nadie para ser salvado. Y yo no soy una doctora que espera a que los pacientes lleguen a ella. Yo voy a buscarlos. Me puse de pie, sintiendo cómo el esfuerzo de curar a Elara me había dejado un rastro de sudor frío en la frente, pero mi determinación estaba intacta. Miré a mi alrededor: la Cámara del Caos, que antes me parecía una prisión de lujo, ahora se sentía como una trampa mortal para todos estos inocentes. —Alana, no puedes salir —insistió Elara, tambaleándose u

