Capítulo 2

2430 Words
Capítulo 2 Vanessa va al encuentro con su amiga Dalia, se cuentan lo bien que les fue en sus clases y lo que pudieron aprender, ellas se sientan en los bancos de la escuela, para poder hablar más cómodas.   — ¿Y conociste personas nuevas Vane? – pregunta Dalia.   —¡Si! Conocí a mis compañeros de clase, pero no sentí ninguna vibra de amistad con ellos —. dijo Vanessa con un gesto un tanto desanimado.   — Tranquila chica pronto harás amigos, igual ya me tienes a mí, ¡Que más quieres! – dijo la amiga de la chica con un tono sarcástico. – Igual si quieres puedo presentarte a mis amigos, ellos son geniales Vane, de seguro les encantaras.   —Me parece una excelente idea, gracias por apoyarme Dali. — agradeció Vane con una gran sonrisa en su rostro.   Dalia tomó de la mano a Vanessa y la encamino a un grupo pequeño de personas que estaban cerca de los casilleros. — ¡Hola, chicos! ¿Cómo están? —. dijo Dalia con una voz alegre mientras saludaba a todos con su mano.   —¡Hola, Dalia! – respondieron todos al unísono.    — Les quiero presentar a mi mejor amiga Vanessa, es nuevo ingreso, ¡así que sean buenos con ella! —. Amenazo la chica mientras entre cerraba sus ojos.   —¡Hey! Yo creía que era tu mejor amiga. — dijo Keila una amiga y compañera de clases de Dalia con un tono un poco ofendida, pero en broma.   — ¡Shhh deja a Vane presentarse Keila! – dijo Dalia mientras empujaba un poco a su amiga para que diera un paso al frente.   — Mmmm Hola a todos soy Vanessa, me transfirieron hace poco de mi antigua escuela para esta, no soy una persona de lo más extrovertida, pero espero que nos podamos conocernos y llegar a ser buenos amigos – saludó Vanessa un tanto sonrojada a las personas que estaban al frente de ella.   Uno de los chichos dio un paso al frente, extendiendo su mano hacia ella. — Hola, Linda soy George un gusto conocerte. – dijo este chico un poco coqueto mientras estrechaba su mano y le guiñaba un ojo. Vane solo sonrió un poco más roja, llevando un mechón de su cabello detrás de su oreja.    — ¡Retrocede tonto, no vez que la asustas! Hola, Vanessa un gusto conocerte me llamo Joseph, puedes contar conmigo en lo que necesites. — dijo él con una gran sonrisa llena de amabilidad en su rostro. Vanessa le devolvió la sonrisa, se sentía un poco más segura gracias a la amabilidad de este chico, una parte de su corazón le decía que serían grandes amigos en un futuro. El chico volteo hacia atrás de él y con una mirada le dijo a su amigo “¡que esperas no seas grosero preséntate!”, su amigo capto la indirecta, un tanto colorado y apenado doy un paso al frente.   Vanessa pudo ver un brillo en sus ojos color castaño claro mientras levantada la mirada y la veía con atención, ella no podía explicar por qué la veía de esa forma. Con una voz una melodiosa voz se dirigió a ella y le dijo. —  Hola, Vanessa un gusto conocerte me llamo Eduardo, estudio al lado de tu salón, ya te había visto, aunque claramente tu no me has visto a mi —. dijo el simpático chico, con una sonrisa encantadora en su rostro, que con la cual trataba ocultar su nerviosismo.   —Hola, Eduardo y Joseph es un gusto conocerlos a los dos. — respondió ella con una sonrisa alegre en su rostro.   —Y dinos Vanessa ¿por qué te cambiaron de escuela? ¿Cuáles son tus pasamientos favoritos? – preguntó Eduardo un poco interesado.   Vanessa se rio por el tono de su voz – Me cambiaron porque mi antigua escuela quedaba muy alejada de mi casa y era muy difícil llegar todos los días a tiempo a clases, y pues esta escuela queda a una cuadra de mi casa así que tengo un poco menos de estrés. Mis pasatiempos favoritos son leer libros de romance preferiblemente, dibujar, escribir historias y aunque suene raro me encanta estar en mi casa viendo series y películas, a ustedes ¿Qué les gusta hacer chicos? — dijo Vanessa con un tono un poco penoso en su voz.   —No sé los demás, pero a mí me gusta salir con chicas lindas como tú— dijo George con un tono coqueto y engreído mientras sonreía con descaro en dirección a Vanessa. — ¡George podrías hacer silencio por una vez en tu vida?! ¡Vas a espantar a la pobre chica! - dijo Keila un tanto alterada.   — Eso es genial Vane, a mí me gustan los videojuegos, la tecnología y entre muchas cosas más relacionadas con el tema, igual que a mi amigo Eduardo, nuestros gustos son muy parecidos. — rio Joseph mientras codeaba el brazo de su amigo para que hablara.   Eduardo sonríe por el comentario de su gran amigo. — Estas en lo cierto mi amigo esos también son mis pasatiempos, también me gusta mucho ver series como tu Vanessa, sobre todo de ciencia ficción y me encanta pasar tiempo con mis amigos, pasar un buen rato y divertirme— dijo Eduardo ya un poco más relajado, tomando su natural personalidad de chico divertido. Había algo en Vanessa que lo hacía sentirse encantado y un poco tímido, solo estaba seguro de que lucharía por llamar la atención de esa chica, porque sabía que ella tenía algo muy especial.   Y luego de un rato de hablar todos juntos en grupo. compartiendo sus intereses, y pasatiempos favoritos, suena el timbre, recordándoles que ya debían entrar sus respectivas aulas de clases. Se despidieron los unos de los otros y cada quien se dirigió a su salón. Eduardo siguió hablando con Vanessa mientras la acompañaba a su salón, él le decía algunos chistes para que ella se riera y poder acercarse un poco más.   —Vane estoy comenzando a pensar que eres una de esas personas que no cree en el amor a primera vista, he pasado dos veces al frente de ti y nada. — dice Eduardo con un tono un poco indignado, pero gracioso. Vanessa se río del comentario de su amigo.    —Pues no Eduardo, no creo que esas cosas sean verdaderas. — dice ella con una sonrisa un tanto divertida en su rostro.   —¡Me estás haciendo perder mis esperanzas, chica! — exclamó Eduardo con una voz aguda y divertida.   Vanessa se reía con cada chiste malo que él decía, y se estaba dando cuenta de la graciosa y extrovertida era la personalidad de él, no le importaba hacer el ridículo en frente de otras personas con él simple propósito de hacerla reír. Y al llegar a la puerta del salón de ella se detuvieron los dos. — Bueno esta es tu parada Vane. — dijo el mientras le sonreía.   —Gracias por acompañarme Eduardo realmente eres un chico muy divertido, es muy entretenido hablar contigo. — dijo ella mientras le devolvía la sonrisa.   —Muchas gracias por ese cumplido, tú eres una persona muy interesante, es muy entretenido hablar contigo... Bueno seguiré hacia mi salón, nos vemos luego. — dijo el mientras movía su mano despidiéndose de ella.   —Nos vemos luego Eduardo. — dijo ella devolviéndole el gesto con la mano. Él siguió caminando hasta su salón. Ella entró a su aula dispuesta a ver su siguiente clase. Transcurrió el día rápidamente, y de un momento a otro eran las 12:00 pm, sonó el timbre nuevamente indicando que ya era hora de que todos partieran a sus hogares, los estudiantes salieron de sus aulas para dirigirse a la salida de la escuela.   Los nuevos amigos se encontraron a la salida de la escuela para despedirse y algunos irse juntos a sus respectivas casas. Vanessa buscó con la mirada entre todas las personas que estaban en el lugar a su amiga Dalia, para que pudieran irse juntas a sus hogares. A Vanessa no le gustaba estar sola y Dalia lo sabía muy bien, cuando la encontró finalmente corrió a su encuentro.   — Hey Dalia ¿estas lista para que vayamos a casa? — preguntó ella a su amiga.   — Lo siento Vane hoy no te puedo acompañar, se me presento un problema familiar, pero podrías irte con uno de los chicos. — dijo Dalia inspeccionado la cara de su amiga, un tanto preocupada por ella.    —Okay está bien, me avisas cuando llegues a casa, espero que todo esté bien Dalia, nos vemos pronto. — dijo Vanessa con una sonrisa en su rostro, pero un tanto preocupada por su amiga y la familia de esta.   — Okay chica nos vemos luego te llamo esta noche. — dijo Dalia mientras se despedía de ella con un abrazo.   Vanessa siguió con sus ojos a su amiga bajando por la calle para ir en rumbo a su casa y un poco nerviosa se quedó pensando con quien se podría ir, a ninguno de los amigos de Dalia los conocía muy bien, pero no quería irse sola a casa. Eduardo que estaba saliendo de clase cuando la vio a la distancia y entonces se acercó a ella, al estar más de cerca pudo notar la preocupación en el rostro de Vanessa.    — Hola, Vane, que haces aquí sola, todos se están yendo, ¿piensas quedarte a dormir aquí esta noche? — dijo Eduardo un poco sarcástico para hacerla reír. Y funciono, Vanessa se rio por lo que estaba diciendo su amigo.   — ¡Claro que no bobito!, me iba a ir con Dalia, pero le surgió una emergencia familiar, y no quiero irme sola a casa, así que estaba pensando con quien podía irme. — explicó Vanessa a Eduardo.    — Bueno si es así yo podría acompañarte si lo deseas. — dijo él con un tono alegre.   — Genial me parece una buena idea, no vivo muy lejos de aquí así que no te preocupes de que tendrás que caminar mucho. — dijo Vanessa mientras soltaba una pequeña risa.   —Eso no me preocupa, tranquila. — dijo él con una mira en su rostro que ella no podría explicar. — Oye Joseph, voy a acompañar a Vanessa a su casa, hoy no me tendrás que acompañar nos vemos mañana. — dijo él dirigiéndose a su amigo. — Okay bro nos vemos mañana, hasta luego Vanessa. — dijo Joseph mientras se despedía de los dos y ellos le devolvían el gesto.   Los chicos se encaminaron en rumbo a la casa de Vanessa, que como ella había dicho no quedaba muy lejos, quedaba a tan solo unas calles de la escuela. En el camino iban charlando de temas generales para romper el silencio, pero en un momento le costó a Vanessa seguirle el paso a Eduardo, ya que este era muy alto, media 1.80 de altura y Vanessa también era alta, media 1. 60, pero al lado de él no se comparaba en nada.   —Hey espera, caminas muy rápido. — dijo ella tratando de seguirle el paso.   — Oh lo siento, a veces no me doy cuenta, me sucede esto muy seguido. — dijo Eduardo un poco avergonzado.   — Tranquilo suele pasar cuando vas con personas mucho más bajitas que tú. — dijo ella burlándose de su propia estatura.    —  No quise decir eso, no lo tomes a mal, es que yo soy muy alto. — dijo Eduardo un tanto nervioso.    —Está bien no lo tome a mal, debe ser muy genial ser tan alto. — dijo Vanessa con una sonrisa.   — Si algo así. — dijo él un tanto sonrojado.   — Y dime como te fue en tu primer día de clases, ¿extrañaste algo de tu otra escuela? —  dijo él cambiando el tema de conversación, con un poco de curiosidad.    — Me fue muy bien en las clases, mis compañeros se portaron excelente conmigo, pero extraño a mis amigos, aunque… a veces siento que se olvidaran de mí y eso me pone un poco triste ¿Sabes?, pero note algo bueno, me gusta lo pequeña y acogedora que es nuestra escuela, mi antigua escuela era gigantesca, siempre había muchas personas por ahí y eso a veces me ponía realmente nerviosa. — dijo ella un tanto pensativa.   —Tranquila todo estará bien, no creo que sea fácil de olvidar a una persona como tú. — dijo él con una sonrisa amable en su rostro. — Y si te olvidan ¿Cuál es el problema? De seguro harás muchos más amigos, ya tienes uno justo aquí. — dijo él señalándose a sí mismo. Ella sonrió con ternura por lo que él le decía, y pudo calmarse un poco por los ánimos que él le infundía.   Caminaron juntos calle abajo, hablando sobre sus intereses, pasa tiempos y vidas personales. Él la escuchaba atentamente y fascinado por todo lo que ella decía, en su mente pensaba que nunca había conocido a una persona como ella, era totalmente diferente a todas las chicas que conocía.   Y él en ella despertaba un gran interés, ella se preguntaba ¿Cómo un chico podría ser tan inteligente, gracioso y guapo a la vez? ¿Cómo era eso posible?, quería poder conocerlo más a profundidad, era ese tipo de persona que querías poder ver y apreciar todas sus facetas.   Cuando al fin llegaron a la pequeña urbanización en la que vivía ella, pasaron adelante, subieron las escaleras, porque vivía en el tercer piso de un apartamento, el dejo a la chica justo al frente de la puerta, se despidieron con un cálido abrazo y cuando él ya se iba se volteó rápidamente y le dijo.   —¡Oye! espera un momento por favor, ¿Qué te parece si intercambiamos números para poder seguir hablando? — dijo él con una sonrisa tímida.   —Claro, intercambiemos teléfonos y anotemos nuestros números. — dijo con una voz amable. Intercambiaron teléfonos y anotaron sus números, se sonrieron y despidieron con un gesto de manos. Mientras él se alejaba tenía una sonrisa boba en su cara, no podía creer que tenía su número.   Ella abrió la puerta de su casa y sus padres la recibieron bombardeándola de preguntas.   — ¿Cómo te fue en tu primer día cariño? – preguntó su madre emocionada.   —¿hiciste nuevos amigos? — interrogo su padre.   —Me fue muy bien gracias por preguntar, y si… hice un nuevo amigo. — dijo ella sonriendo de oreja a oreja.
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