01. El accidente

2154 Words
—¡Basta, Nikolay! ¡Que ya te he dicho que León es solo un amigo! Hoppe grita con frustración, mientras mira a su alrededor de forma aterrada, apretando su cinturón de seguridad con ambas manos. —¡Y ya para! ¿acaso quieres matarme? ¡Estás conduciendo como un loco! Acelero aún más, presionando el volante con ambas manos. La rabia me había cegado, había salido con mi novia a celebrar nuestro segundo aniversario, uno que esperé que fuese inolvidable, uno que realmente lo había sido, pero no por las razones que esperé. Maldito León, siempre había estado enamorado de ella, y jamás soportó la idea de que Hoppe me hubiese elegido a mí, por lo que, él aprovechaba cualquier oportunidad que se le presentara, para poder fastidiarme, cosa que había hecho esa noche en el restaurante, donde casualmente, habíamos dado con él, no dejó de sonreírle a mi chica, además de haberle enviado unas malditas flores que yo había tirado al basurero ni bien salimos del lugar. —¡Maldita sea, Hoppe! ¿es que eres tan inocente como para pensar que ese tipo quiere ser solo tu amigo? ¿es que acaso eres tan estúpida como para no percibir la forma en que te mira? Continúo acelerando, lo que provoca que ella vuelva a gritar. —¡Para ya, por favor! ¿Por qué no eres capaz de creerme? Ella estira una mano, aprieta mi rodilla y prácticamente me ruega con la mirada. —Te amo, Nikolay, entiende que te elegí a ti, siempre voy a elegirte a ti —dice al dejar que las lágrimas comiencen a mojar sus mejillas—, ahora por favor, baja la velocidad que me estás asustando. Aprieto la mandíbula y la miro, a la vez de que cuento en grandes cantidades, tratando de calmarme, no era bueno que me portara como un imbécil posesivo. Nunca era bueno, pues por lo general, acababa lastimándola. Hope era lo más lindo que me había pasado en mi vida, y no quería perderla, no quería que nadie la arrancara de mi lado porque sencillamente, moriría. —Te amo —repite al sonreír—, lo digo de corazón, Nikolay, eres la persona que me ha sacado del abismo, ¿Cómo podría llegar a querer a alguien más cuando tengo a alguien como tú a mi lado? Le sonrío y asiento con la cabeza, a la vez de que comienzo a calmarme. —Perdón —susurro al comenzar a soltar poco a poco el acelerador, pero, justo cuando regreso mi atención hacia la calle, es cuando me percato del enorme camión que viene de frente a nosotros. —¡Cuidadoooooo! —es lo último que soy capaz de escucharla gritar, para luego simplemente llegar a ser arrastrados. (…) Doy una fuerte exhalación, mientras muchas personas gritan a mi alrededor. —¡Lo tenemos! —grita un hombre al mismo tiempo en que me levanta junto con otro y me depositan en lo que parecía ser, una camilla—, ¡Hay que trasladarlo de inmediato al hospital! ¡de lo contrario lo perderemos! Trato de moverme, trato de abrir los ojos, pero todo mi cuerpo duele de forma descomunal. La fuerza me ha abandonado, todo se sentía lejano a mí, era como si, poco a poco me estuviese yendo. Separo mis labios, tratando de murmurar su nombre, pero no sale nada. —Aguanta, amigo, no te esfuerces —escucho hablarme al mismo hombre mientras me empujan en lo que parecía ser una ambulancia—. ¡Estamos listos! ¡Vamos! —grita y es ahí donde nuevamente pierdo el conocimiento. (…) —Nik. Un suave susurro inunda mis oídos, mientras que una mano acaricia mi cabello. —Nikolay, ya es tiempo de que despiertes, tú puedes, hermano. Era Alek, él estaba ahí, tal y como siempre lo había estado desde que era tan solo un niño. Poco a poco intento abrir los ojos, esta vez, con un mejor resultado. Lo primero que noto, es el rostro sonriente de mi hermano mayor, quien no deja de acariciarme el cabello tal y como si me tratara de un niño. —Hola, Nik, bienvenido otra vez. Subo una mano hasta que queda en mi campo de visión, una vía sobresale de mi muñeca. Frunzo el ceño al ver como mi piel está rosada, en lo que parece ser, una forma en que mis heridas estaban cicatrizando. —¿Qué pasó? —Has estado dormido durante tres semanas —me cuenta al volver a sentarse a mi lado—, esta mañana me han llamado a decirme que habías comenzado a moverte y que probablemente abrirías los ojos en cualquier momento. Trato de sentarme de golpe, al comenzar a recordar todo, pero, la poca movilidad en mis extremidades inferiores, me lo impide. El pitido de la máquina al lado de mi cama, comienza a acelerarse mientras siento como las lágrimas comienzan a mojar mis mejillas con total libertad. —Nikolay, cálmate, respira, hermano —Alek pasa una mano por mi frente, tratando de tranquilizarme—, Nik, cálmate o van a dormirte otra vez. Un horrible dolor se apodera de mi pecho, un dolor que no era físico, si no emocional, lo que me hace gritar, ni siquiera tenía que preguntar dónde estaba Hope, porque ya lo sabía, ella había muerto… las imágenes de su cuerpo tendido sobre el pavimento, invaden mi mente, fui capaz de verla ahí, antes de perder el conocimiento. Gritos de dolor brotan de mi garganta al comenzar a desear morir. Hago arrancada la vía de mi muñeca, al igual que todas aquellas cosas que están pegadas a mi cuerpo, al mismo tiempo en que trato de salir de la cama, la voz de Alek se escucha a lo lejos mientras trata de mantenerme quieto, pero, el dolor es tanto que ni siquiera soy capaz de permitir que me sostenga, lo empujo con fuerza y me retuerzo del dolor, arrastrándome hasta que caigo de la cama, más gritos, gente vestida de blanco entra a mi habitación, un pinchazo en mi brazo y luego, nada. Todo vuelve a quedarse en tinieblas. (…) Cuando vuelvo a abrir los ojos, me siento inmóvil, trato de moverme, pero, ahora me encuentro atado a la cama, Alek se levanta del sofá que está al lado de la ventana y se acerca a mí con notorio cansancio. —Cálmate, Nikolay, de lo contrario, voy a dejarte a tu suerte —advierte al mirarme con el ceño fruncido. —Ella murió —digo en voz alta al comenzar a sentir como las lágrimas nuevamente mojan mis mejillas—, Hope se fue, Alek, y ha sido mi culpa. —No seas estúpido, ha sido un lamentable accidente, nada más —mi hermano aprieta los labios, a la vez de que estira una mano para ponerla sobre mi abdomen—, todos vamos a morir en algún momento, Nik, de una forma u otra, justo en ese instante, fue el turno de Hope, pero luego serás tú, o yo, ¿Qué se yo? —Vete y déjame en paz —le pido al desviar la mirada para evitar mirarlo. —Está bien, supongo que será mejor que vuelva cuando ya se te haya pasado el berrinche. —¿Es que acaso no tienes corazón? —grito al volver a mirarlo—. ¡Hope ha muerto, maldita sea! ¡mi chica se ha ido! ¿Qué se supone que haga ahora que no la tengo conmigo? El dolor vuelve a llenarme, acompañado de unas enormes ganas de querer morirme; yo había sido el único culpable de que ella se haya muerto. El recuerdo de sus gritos al pedirme que me detenga, invade mi mente, gritos de terror al ver que prácticamente había enloquecido a causa de los malditos celos. Era un monstruo, me convertí en uno en el momento en que le quité la vida. Mi vida no tenía sentido si no estaba ella, Hope se había llevado todo lo que yo solía ser, ella se quedó con mi vida. —Vivir, eso es lo que tienes que hacer —declara al fruncir el ceño—, y más te vale que comiences a comportarte, de lo contrario, no van a liberarte. (…) El médico dijo que tuve mucha suerte al haber sobrevivido a ese accidente, pues habíamos sido arrastrados por ese camión y el auto había quedado hecho añicos… él lo llamó suerte, yo lo llamé maldición. Yo debí de morir en ese lugar, yo no debí de sobrevivir. —Muy bien, señor Kozlov, tendrá que utilizar esta silla de ruedas un tiempo, tan solo será mientras los huesos de sus piernas acaben de sanar, después de ello, con bastante rehabilitación, logrará caminar —me asegura al sonreír con suficiencia, después de ayudarme a sentar en la silla—. Ha tenido mucha suerte —repite al golpear mis hombros con suavidad—, muy pocas personas llegan a sobrevivir a un accidente tan aparatoso como ese —dice al sonreír—, probablemente arriba lo quieren mucho, Nikolay, así que aproveche esta segunda oportunidad al máximo. —Me quieren —repito al soltar una risa cargada de sarcasmo—, creo que es lo contrario a ello, pues si me quisieran, me hubiesen dejado morir junto a ella. Y aquel horrible ardor continuaba instalado en mi pecho, un dolor tan desgarrador, que tan solo me hacía desear poder dejar de respirar. La oscuridad me había invadido, aquel Nikolay que solía ser, había muerto junto con Hope, dejando en su lugar a un ser despreciable, uno que merecía lo peor del mundo. —¿Listo Nikolay? Alek entra a la habitación, seguido de mamá, quien no deja de revisar su teléfono celular. —Ya nos han explicado todo con respecto a las terapias y la forma en que debe de tomar sus medicinas, ¿algo más que debamos saber? —le pregunta mi hermano al médico, quien no dejaba de verme con el ceño fruncido, probablemente debido a lo último que fui capaz de decirle. —¿Puedo hablarle un momento, señor Kozlov? El médico le hace un gesto a mi hermano para que se acerquen al ventanal, no dejo de seguirlos con la mirada, tratando con ello de adivinar qué era aquello que debía de decirle. —No te preocupes, vamos a contratar a una cuidadora para que me ayude contigo —dice mamá al tomarse la molestia de guardar su móvil. Noto como mi hermano frunce el ceño a la vez de que niega con la cabeza y le discute al doctor, quien al parecer, estaba proponiendo que la mejor idea ahora, sería internarme en un hospital psiquiátrico gracias a mis pensamientos suicidas. —Tendrás que ayudarme, Nikolay, no quiero llegar a cambiar mi rutina para estar al pendiente de ti, así que tendrás que colaborar en todo este proceso de recuperación. Dejo de mirar a mi hermano, para observar a mamá, quien suelta un suspiro agotador, tal parecía que la idea de tener que cuidarme, no le llamaba la atención, dado a que ella era el tipo de mujer que no paraba; su vida era pasar metida en los clubes, el salón de belleza o simplemente haciendo reuniones con sus amigas. —No te preocupes, trataré de no estorbar mucho tiempo —declaro al fingir sonreír. —Ya está —farfulle Alek al volver a acercarse—, es tiempo de irnos. Él comienza a empujar la silla, no sin antes lanzarle una mirada de desaprobación al médico que me mira de forma resignada antes de que acabemos por desaparecer. —¿Quieres ir a comer algo? —Llévame al cementerio —le pido al apretar mis manos sobre mis muslos. —Nikolay, no es el momento. —Llévame ahí, maldita sea —repito al comenzar a alterarme—, ¡Tan solo quiero despedirme de ella! ¿Qué tan difícil es entenderlo? —Ya, no te alteres o volverán a hospitalizarte —dice de forma calmada al apretar mi hombro—. ¿Mamá? Iremos al cementerio. —¿Te importaría llevarlo, Alek? Tengo una reunión en treinta minutos, déjalo en la casa después —se limita a decir la alta mujer al pasar por nuestro lado sin esperar a una respuesta. Mi hermano guarda silencio mientras continúa empujando la silla en dirección del elevador. Ya cuando estamos completamente solos, es cuando vuelve a hablar. —¿Cómo te sientes, Nikolay? —¿Y si solo te limitas a llevarme al cementerio? —propongo al suspirar—, no tienes que fingir conmigo, Alek, no quiero causarte lástima, mucho menos quiero convertirme en tu carga. —Eres mi hermano. —Sí, uno que no debería de estar aquí. —Te voy a pedir de favor que dejes de repetir esa mierda, que ya me estás hartando. —Como usted diga, señor Kozlov.
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