Juramento

1986 Words
“¿príncipe?” pensó el general, era bien sabido que la familia real poseía magia de fuego pero sus llamas, las llamas que brotaban de ese chico eran tan intensas que incluso parecían en momentos tornarse doradas, sus ojos incluso cambiaron de color “como podría ser eso posible, esa magia no puede ser real, no es posible” ― ¿Qué está pasando aquí? ―pregunto el señor Gabriel mientras permanecía en el lumbral de la puerta ― ¿todavía tiene el descaro de preguntar?. Yo creí que usted señor Gabriel era un hombre honrado, como pudieron hacerle eso a una chica tan inocente como Aine ― ¡Adriel! Ellos no… ―trato de explicarle Aine, pero Adriel no la dejo terminar ―Si lo se Aine, ellos no tuvieron compasión, yo arreglare esto no te preocupes ̶ dijo el príncipe manteniéndola detrás de el ― ¿hacerle qué? ¿Yanick de que está hablando? ―pregunto el señor Gabriel muy extrañado. ―No lo sé, está loco ―contesto el general ― ¿loco? Como podría estar loco si aquí hay más que pruebas suficiente ―dijo Adriel ― ¿pruebas de que? ―pregunto el señor Gabriel ―como de que, de lo que le hicieron a Aine ―Adriel… ―insistió Aine ―Espera Aine yo lo arreglare ― ¡ADRIEL! ―grito Aine ― ¿Qué paso Aine? ―Ellos no me hicieron nada ―no trates de defenderlos Aine, sé que tienes un gran corazón y no quieres que nadie salga lastimado pero no dejare que quede así tan cruel agravio ―el general puso los ojos en blanco al escuchar al príncipe ―No Adriel, no los estoy defendiendo de verdad no me han hecho nada ―cómo puedes decir eso si estás aquí en medio de la habitación de estar, cubierta solamente con una delgada manta ―con cada palabra que decían su furia se encendía más, en ese momento dejándose llevar por aquel momento de adrenalina, blandió su espada dejando salir de ella lenguas de fuego en contra del general, el general trato de cubrirse pero aun así las llamas lograron herirlo, Aine se soltó de Adriel y corrió hacia el general ― ¿Qué te pasa? ― le grito a Adriel ―Qué te pasa a ti, vengo a defenderte ¿y tú corres hacia él? ― ¿defenderme de que Adriel?, si no hubieras sido tan testarudo y me hubieras dejado hablar sabrías que el dolor de mi pecho me ataco otra vez, pero esta vez fue tan intenso que me desmaye, el solo me trajo aquí para curarme ―de los ojos de Aine comenzaron a brotar lágrimas, se sentía tan culpable si ella no estuviera aquí o si le hubiera insistido más ha Adriel el general no estaría herido. El príncipe al ver llorar Aine le dolió en su corazón, las llamas que brotaban de su cuerpo se extinguieron ―Nancy, ayúdenme a llevarlo a la recamara por favor ―grito el señor Gabriel, mientras Aine permanecía al lado del general ―Aine yo… ―intento decir el príncipe pero se arrepintió, no termino de hablar y se fue. El príncipe tomo su caballo y cabalgo hacia el palacio ―Su majestad el príncipe Adriel llego ― ¿Qué? ¿Qué hace aquí ese bastardo? les ordene claramente que no le avisaran ―no le avisaron señor ―Y cómo es que… ―Padre, ¿Qué hace Adriel aquí? ―dijo Vicent casi a gritos ― igual me alegra verte, querido hermano ―dijo Adriel sarcásticamente recargado en la puerta ―Cómo te atreves a venir sin avisar ―no sabía que Reibit era una prisión donde me tenía que quedar eternamente ―tu… eres realmente insoportable ―dijo vicent saliendo de la habitación ― ¿Por qué regresaste? ―pregunto el rey Eros al príncipe Adriel ―No te preocupes no me quedare mucho tiempo ―Eso espero, no quiero que todos vean que tengo un hijo inútil ―No lo verán, me iré lo más pronto posible, solo vine a ver a mi madre ―Ella no es tu madre, tu madre está enterrada bajo tierra donde deberías de estar tú también―Adriel sintió las palabras del rey como dagas atravesando su corazón, pero no se lo demostraría, tenía ganas de quebrarse, pero no lo haría, el rey sabia el daño que le hacían esas palabras pero cuando pequeño se prometió a él mismo que no volvería a derramar ni una lagrima por las palabras de aquel malvado rey y al contrario de eso solo sonrió macabramente ―Si pero para tu desgracia aquí estoy y el día que mi madre no este me encargaré de destruirte―sus ojos cambiaron parecían haberse encendido, el rey retrocedió instintivamente, no podía explicarlo pero sintió temor, Adriel dio la vuelta y subió a ver a la reina, al llegar vio a su madre recostada en la cama su rostro se veía muy demacrado ― ¡Madre! ―Adriel, oh Adriel mi pequeño, acércate quiero abrazarte ―Adriel se acercó y la abrazo, sus ojos estaban cubiertos de un paño blanco, pero antes de que pudiera preguntar algo la reina le dijo: ― Mi pequeño, creí que no vendrías, no creí que tu padre en verdad te mandara a buscar, quería despedirme de ti, te amo ¿lo sabes verdad? ―Si madre lo sé ―dijo el príncipe mientras las lágrimas corrían por sus mejillas ―cuídate hijo, no dejes que las palabras de tu padre te lastimen, sé que en el fondo también te ama pero es muy orgullo para decirlo, por favor no lo odies, no quiero que tu corazón albergué tan feo sentimiento, te amo mi pequeño ―al instante sus ojos se cerraron ―madre, madre por favor despierta, no me dejes tu eres lo único que tengo por favor, por favor no lo hagas no me dejes ―dijo mientras se aferraba al cuerpo de la reina. ― Su majestad la reina…la reina murió ―el rey al escuchar las palabras corrió a ver a su amada reina, cuando llego vio a Adriel aferrado al cuerpo de ella ― ¿Por qué no me avisaste? ¿Por qué no me dijiste que estaba enferma? ―dijo Adriel soltando el cuerpo de su madre y dirigiéndose a su padre ―tú no eras su hijo, no tenía por qué avisarte ― ella quería verme ―dijo mientras de sus manos y su cuerpo emanaban llamas pero él no se quemaba, sus ojos se tornaron dorados ―pagaras por todo, ahora que ella no esta no hay nada que me detenga ― Y crees que no are nada, ¿acaso se te olvida que yo también poseo magia? No tendré compasión de ti niño, te matare ―dijo mientras saco su espada y blandiéndola arrojo lenguas de fuego contra él, pero las llamas no le hicieron nada, Adriel en sus manos creo una gran bola de fuego lista para arrojarla contra su padre ―Adriel ¡NO¡ ―grito Vicent. En la casa del señor Gabriel el general se encontraba inconsciente, las quemaduras que había causado Adriel parecían poco a poco ponerse más graves, así que lo tuvieron que sedar ―esa magia es muy fuerte, las quemaduras parecen empeorar a cada segundo no tengo manera de curarlo ―dijo el señor Gabriel mientras unas lágrimas se formaban en sus ojos, era su único hijo y no podía soportar la tan sola idea de perderlo ― ¿debe de haber una manera? ¿Tiene que haber una manera? ―exclamo Aine ―solamente combatir magia con magia ¿tú no puedes hacerlo? ―No ¿Cómo podría? ― ¿eres un hada no? Escuche que algunas hadas habían recuperado su poder el día de la tormenta ¿tú no? ―pregunto casi suplicante el señor Gabriel ―No señor, lo siento pero yo no soy un hada ―como podrías no serlo, mira tu cabello, mírate toda tu, eres un hada no hay manera de negarlo ―dijo mientras la tomaba fuertemente del brazo ―Señor suélteme… me está lastimando ― ¿Tu planeaste esto? Tú y ese desquiciado príncipe ¿verdad? Que les hizo mi hijo para que le hicieran esto ―No señor, no lo planee yo no le pide a el que me trajera, ni a Adriel que viniera, pero lo resolveré buscare un hada cuésteme lo que me cueste, lo prometo ―dijo Aine saliendo de la habitación A las afueras de la casa del señor Gabriel se encontró con uno de los soldados del general Yanick ― ¿Cómo se encuentra mi general? Me dijeron que se encontraba herido ― pregunto el soldado muy preocupado, más que un simple soldado era la mano derecha del general y su leal amigo ―empeora a cada segundo ― ¿Pero que le paso? ―fue herido con magia, ahora por favor necesito que me lleves al palacio ―se limitó a decir Aine El soldado tomo su caballo subió a Aine y se dirigió hacia el palacio ― Gracias ―le dijo Aine bajando del caballo ― La acompaño señorita ― no, no es necesario pero gracias ― Claro que es necesario todos saben que las hadas no son bien vistas aquí ― Pero yo no soy un hada, ya se los dije ―Lo se señorita pero los demás no y la podrían confundir como lo hicimos nosotros, no sabe lo que le hace a las hadas el rey, si algo le llegara a pasar mi general no me lo perdonaría, así que no me separare de usted ni a sol ni a sombra y la protegeré con mi vida si fuera necesario ―dijo el soldado inclinándose hacia ella en señal de juramento ―Gracias ― dijo Aine con una cálida sonrisa de agradecimiento―apresurémonos ̶ dijo subiendo las escaleras hacia el palacio ―señorita no puede entrar ―dijo un guardia en la puerta ―vengo a ver al príncipe Adriel ―no está en el palacio ―le dijo el guardia ― ¿Dónde está? ―pregunto Aine ―no lo sé no soy su guardaespaldas personal y retírense de la entrada si no quieren que nosotros los saquemos ―ordeno el guardia, pero el mayordomo del palacio vio a Daniel el soldado que acompañaba a Aine y le hizo una señal para que lo siguiera ―vamos Aine, no podremos entrar ―le dijo tomándola del brazo ―Pero tengo que verlo ―no, vamos ―le dijo para que lo escuchara el guardia ―hay otra manera de entrar ―le susurro a Aine en el oído ― ¿Cómo? ―Ya verás ―le dijo acercándose al mayordomo que se encontraba oculto entre los matorrales ―Daniel escuche que quieren entrar ― Si nos urge hablar con el príncipe ― ¿es muy urgente? La reina acaba de morir ―Si es muy urgente ―respondió Aine. ―síganme entraremos por la cocina ― Pero necesitaremos cubrir su cabello ―dijo señalando a Aine ―espérenme aquí ―dijo el mayordomo ― Toma póntela ― le dijo el mayordomo a Aine entregándole una capa negra ―porque la trajiste, sabes que es muy peligroso ― le dijo el mayordomo a Daniel casi en susurro ―Yo no la traje, más bien ella me trajo a mí ―contesto Daniel, mientras volteaba a verla Se escabulleron hacia dentro del palacio con cuidado, pero cuando iban subiendo las escaleras alguien los vio y hablo a los guardias ― ¡alto ahí! ¿Quiénes son ustedes? ―grito un guardia. Una criada se acercó por detrás de ellos y quito la capa de la cabeza de Aine dejando ver su plateado cabello ― ¡ES UN HADA! ―.
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