El soldado Daniel cabalgo lo más rápido que pudo para llegar al reino de Urs.
En la entrada del reino se encontraban guardias cuidando que solo entraran y salieran quienes tuvieran el permiso de la reina, cuando Daniel estuvo cerca se detuvo, sabía que no podía entrar vestido de soldado, si lo veían así lo matarían.
Oculto su caballo y se escondió detrás de unos arbustos, cuando un hombre de complexión parecida a la suya paso, lo tomo del cuello le dio un golpe en la cabeza que lo dejo inconsciente y lo arrastro hacia los arbustos, tomo la ropa y el permiso real que el hombre sostenía y camino hacia la entrada del reino.
― ¿Nombre? ―pregunto el guardia que cuidaba la entrada del reino de Urs
―Orlando Meuric ―el guardia frunció el ceño y le hablo al oído a otro guardia que pasaba
―Adelante ―dijo el guardia, Daniel camino hacia el palacio, pero sentía que lo estaban persiguiendo, se apresuró a perderlos, pero cuando se encontraba a unos pasos de llegar al palacio varios guardias aparecieron, trato de tomar su espada pero recordó que la dejo junto con su caballo, los guardias lo apresaron y lo llevaron al calabozo
― ¿Quién eres? ¿Y a que viniste a Urs? ―Lo empezaron a interrogar, mientras lo mantenían amarrado en una silla
―necesito ver a la reina
― ¿Quién te envió?
―Nadie, vine porque necesito hablar con la reina
― ¿para qué quieres hablar con la reina?
―señor mire lo que encontramos ―dijo unos de los guardias, mostrándole al capitán de los guardias la ropa de Daniel―estaba afuera a un lado del señor Meuric, dijo que un hombre lo golpeo y robo su ropa
― ¿eres un maldito soldado del rey Eros?
En el reino de Norde el rey mando un edicto a todo el reino
“Todo aquel que oculte o frecuente de alguna manera a un hada o sus descendientes, será decapitado junto con toda su familia en la plaza del reino, cualquiera que quiera salvar su cabeza tendrá que pasar al palacio a dar la información que tenga y entregar al hada o descendientes que hayan ocultado o visto”
La gente del reino por miedo empezó a entregar a las pocas hadas y descendientes que se encontraban ocultas en el reino, las que trataban de escapar eran torturadas y decapitas junto con la familia que les ayudaban
― ¡abran la puerta! ― se escuchaban los gritos en la entrada de la casa del señor Gabriel
―Nancy ¿Qué está pasando? ―pregunto el señor Gabriel a Nancy
―Los soldados Señor, los soldados están aquí, al parecer alguien les dijo que un hada estuvo aquí
―Bueno aquí no hay nadie déjalos que pasen, no tenemos nada que ocultar ―dijo el Señor Gabriel cambiando los vendajes del general Yanick― ¿Qué pasa Nancy porque estas tan nerviosa?―pregunto a su criada al verla extremadamente nerviosa―Vamos dime, puedes confiar en mi lo sabes
― ¿señor si vio el decreto?
―Sí, no creo que haya una sola persona en todo el reino que no lo haya visto
―es que si hay un hada aquí
― ¿¡QUE!? ¿De qué hablas?
―Bueno no exactamente un hada, una descendiente
― ¡Abran la puerta!―volvió a gritar un soldado en la puerta
―deja de darle vueltas Nancy, no podremos demorar más en abrir la puerta o la derribaran
―Mi hija señor
― ¿Qué tiene Emilia?
―es una descendiente señor, hace tiempo yo y mi esposo no podíamos tener hijos y un hada que huía nos la dio, la ocultamos todo este tiempo pintándole el cabello, para suerte de nosotros sus ojos no tienen un color peculiar como los de las hadas, los de ella son comunes, así que paso desapercibida
―Si ha pasado por humana tanto tiempo ¿Por qué crees que la descubrirán ahora?
―descubrieron que muchas hadas se ocultaban de esa manera, así que para asegurarse de que no hay hadas en las casas ponen un líquido en el cabello que lo destiñe, el de las humanas se destiñe tomando un color gris, pero el de las hadas retoma su color natural
― ¿Dónde está tu hija?
― En la cocina Señor
― atiende a los soldados, diles que no estoy que salí por hiervas para las medicinas de mi hijo, yo ocultare a tu hija
― ¡señor!
― ¿Qué pasa Nancy?
―gracias ―dijo la criada tomándolo de las manos
El señor Gabriel se apresuró a llegar a la cocina y hablo a la señorita Emilia
―vamos Emilia necesito que me traigas unas cosas de casa del señor Ormands
―Si señor ―dijo Emilia siguiéndolo
―Tu madre me pidió que te ocultara, los soldados reales están en la puerta ―le dijo cuándo se aseguró estar lo suficientemente lejos para que nadie los escuchara
― ¿¡Qué!? Me mataran señor, por favor no permita que me encuentren ―suplico la joven de tez clara, de silueta menudita y cabello teñido de n***o
―no te encontraran confía en mi ―le dijo tomándola del hombro.
La llevo a la parte de atrás de su enorme casa y llegaron al cementerio de la familia del señor Gabriel
― ¿Qué hacemos aquí señor?
― No preguntes y sígueme, has el menor ruido posible ―Emilia asintió y lo siguió, el señor Gabriel la guio hasta la lápida de su padre, se encontraba dentro de un nicho en forma de una pequeña casita, entro y movió la lápida de su padre y debajo habían unos escalones―entra ahí, el túnel llega hasta el bosque pero no salga hasta que te avisemos los guardias y soldados protegen los alrededores si sales ahora te encontraran, te estaremos trayendo comida ―le dijo cerrando la lápida de nuevo.
Tomo un caballo y se encamino a lo profundo del huerto que salía hacia un viejo camino poco transitado, cabalgo por ese camino tomo unas cuantas hierbas y regreso a su casa, cuando llego los soldados tenían de rodillas a todas las criadas de su casa
― ¿Qué está pasando aquí? ―dijo el señor Gabriel fingiendo sorpresa
―Señor Gabriel lo estábamos buscando
―Salí a buscar hiervas para las medicinas de mi hijo
―nada señor, todas son humanas ―dijo un soldado dirigiéndose al comandante de la guardia real
― ¿estás seguro?
― Si señor
― ¿no falta nadie? ―pregunto el comandante a los criados
―si mienten los mataremos a todos ―el señor Gabriel suplicaba porque nadie hablara
―Ya lo ve comandante todo está en orden
―Señor… señor… dice un criado que si falta alguien ―dijo un soldado
― ¿Trata de ocultar a alguien señor Gabriel?
―No, no sé de qué están hablando
―revisen toda la casa, no dejen ni un centímetro sin revisar
―No está aquí ―dijo una criada de unos 30 años, de cabello n***o rizado y estatura media
― ¿Dónde está?
―la mandamos a casa del señor Ormands por unas diligencias pero hasta ahorita no ha regresado
― ¿y porque no la habían mencionado? ―dijo el comandante poniendo su espada en el cuello del señor Gabriel
―porque no trabaja aquí, solo viene de vez en cuando a pedir trabajo el señor Gabriel no sabía nada
― ¿Cómo se llama?
― dijo que Emily pero no sabemos si sea su nombre real, ya que por lo visto solo buscaba la oportunidad de robarnos
― ¿robarles?
―si la diligencia que la mandamos hacer, fue a llevar un pago al señor Ormands
El comandante rio descaradamente
―Señor Gabriel por lo visto tiene que poner más atención y orden a su servidumbre
―Si señor ya los castigare por lo sucedido
― ¿Por qué no hacerlo de una vez? ―el comandante era conocido por ser un hombre malo y sanguinario
―tengo… tengo que ir a ver a mi hijo y preparar su medicina
―pero un castigo no demorara tanto ―el señor Gabriel trago saliva, el solo quería terminar de una vez con todo esto sin que nadie saliera herido
― ¿Quién… quien mando a la desconocida con el dinero?
―Yo señor ―dijo una criada de cabello rizado
―trabajaras sin paga hasta que devuelvas el dinero perdido ―dijo el Señor Gabriel rogando fuera suficiente castigo para el general
―Si señor ―asintió la criada
― ¿ese parece suficiente castigo para usted señor Gabriel? Es un nombre muy noble por eso su servidumbre se burla de usted, lo ayudaremos con el castigo
― ¡NO! No es necesario, ustedes tendrán muchas cosas que hacer y no quiero hacerlos perder más el tiempo
―No, no se preocupe no demorara nada, aparte se lo debemos por la molestia
El comandante tomo a la criada de cabello y la arrojo al frente de todos, con una daga rompió sus ropas descubriendo su espalda, tomo el látigo de su caballo y la golpeo una y otra vez la criada gritaba y con cada latigazo su espalda sangraba
― Así se castiga señor Gabriel ―dijo el comandante muy orgulloso y se fue.
En el camino a Urs el príncipe se apresuraba a llegar pero quedó atrapado en una gran tormenta, bajo del caballo ya que la carroza se había enterrado entre la nieve que caía con locura, saco a Aine la cargo y camino buscando un lugar en donde pasar la noche, a lo lejos pudo ver una vieja cabaña abandonada, se apresuró a llegar pero la nieve comenzó a caer con más intensidad segando su visión, sus pasos se volvían cada vez más lentos, sentía como su cuerpo empezaba a congelarse “no me puedo rendir, prometí cuidarla con mi vida” se repetía una y otra vez, podría usar sus manos para calentarse pero tenía cargada a Aine así que no era posible y al parecer su cuerpo entero solo se encendía cuando sentía mucha furia, lucho con todas sus fuerzas tratando de llegar pero le fue imposible y desfalleció.