Daniel se encontraba muy mal herido, cuando los guardias se enteraron que era un soldado del reino de Norde, lo torturaron de mil maneras
―Ahora si hablaras, soldadito ―le dijo el capitán de los guardias sumergiendo su cara en una tina con agua
―si hablaré… hablaré pero solo con la reina ―los guardias le informaron a la reina y accedió a verlo, quería saber cuáles eran las intenciones del rey Eros al mandar a un solo soldado a su reino
―levántelo, la reina quiere verlo ―ordenó el capitán
―levántate la reina quiere verte ―le dijo un guardia mientras lo tiraba a patadas de la cama de piedra donde se encontraba acostado.
Llevaron a Daniel delante de la reina, se encontraba en muy mal estado tenía un ojo morado que se encontraba cerrado por completo, su nariz se encontraba quebrada, al igual que sus costillas y cojeaba de una pierna de tantos golpes que había recibido
―Mis respetos su majestad ―dijo Daniel intentando inclinarse aunque le fue casi imposible
― ¿Por qué se encuentra en tan mal estado? ―preguntó la reina
―No accedía a hablar su majestad ―contestó el guardia el guardia
― ¿Cómo te llamas?
―Daniel, su majestad
―tengo entendido que eres un soldado del rey Eros
―así era su majestad
― ¿Por qué te envió?
―Él no me envió su majestad
―dijiste que confesarías todo ―dijo un guardia dándole un golpe en la cara que le rompió la boca haciéndolo sangrar
―quiero que confieses la verdad, si no mandaré a colgarte ―le dijo furiosa la reina
―Una anciana que vivía a las afueras del reino de Norde me envió ―respondió Daniel
― ¿Para qué?―preguntó la reina con curiosidad
― me pidió que le entregara algo
― ¿Qué cosa? ¿Y porque a mí?
―se encuentra entre mis cosas, el por qué a usted no lo sé
―traigan sus cosas ―ordenó la reina, cuando trajeron las cosas Daniel se apresuró hacia ellas
― ¡Alto ahí! ― le gritaron los guardias―nosotros revisaremos, aunque ya lo habíamos hecho y no encontramos nada mi reina
―en la mochila, adentro hay un compartimiento... en la parte de abajo―dijo Daniel, los guardias volvieron a revisar y encontraron el pergamino
― ¿Qué es eso? ―preguntó la reina
―parece un pergamino mi reina, pero el sello es raro, parece mágico ―contestó el guardia―Como planeas que la reina lo abra, ¿te estas burlando de nosotros? ―le gritó a Daniel
― ¡NO! No su majestad, tómelo en sus manos
―tenga cuidado mi reina puede ser una trampa, podría estar envenenado ― dijo el guardia
― dámelo, si estuviera envenenado ya estuvieras muerto.
La reina tomo el pergamino y al instante el sello se rompió, la reina leyó en silencio lo que decía la carta y su semblante cambio por completo.
(En el camino al reino de Urs).
Cuando el príncipe Adriel abrió los ojos, se encontraba acostado junto a una chimenea, volteo a todas partes pero no vio a Ainé
― Ainé… Ainé ― comenzó a gritar el príncipe desesperado, cuando de repente una pareja entro
―Tranquilo… tranquilo ella se encuentra bien ―dijo la mujer, se veía joven de unos 30 años máximo de cabello color azul y contextura robusta
―está en el huerto, sígueme ―dijo un hombre ya canoso, robusto como de unos 50 o 60 años que parecía ser su esposo.
Adriel siguió al hombre…los dos parecían muy amables, lo llevó hacia la parte de atrás de la casa, el sol parecía alumbrar con mucha fuerza, como hace mucho no lo hacía, de la tormenta del día anterior no parecía a ver ni rastro, llegaron a un hermoso huerto donde habían todo tipo de frutas, todas se miraban deliciosas, camino un poco más y ahí estaba Ainé tan hermosa como siempre sus cabellos parecían resplandecer mucho más a la luz del sol en verdad era la chica más hermosa que jamás había visto.
―Adriel ―dijo corriendo hacia sus brazos
― ¿Cómo estás? ―preguntó Adriel acariciando su rostro
―bien, me siento muy bien… ya viste todas estas frutas ―dijo a Ainé muy emocionada
―Si… ¿cómo le han hecho para cosechar tanto, con tan cruel invierno?
― no lo sé, pero es impresionante ¿no crees?
―Si es hermoso, pero no más que tú ― dijo Adriel girándola hacia él.
― ¿en verdad lo crees? ―preguntó Ainé sonrojándose
― Claro que sí, tu eres hermosa Ainé ―dijo Adriel, tomó su rostro con cuidado y le dio un hermoso y apasionado beso
―te amo Ainé… siempre te he amado
―Yo también te amo Adriel
―enserio Ainé, tú… tú me amas
―Si ¿Por qué lo dudas?
―Porque cuando volví, lo primero que hice fue ir a verte como te lo prometí, pero no te encontré los soldados que se encontraban ahí, me dijeron dónde estabas, así que me apresure a ir a verte, pero cuando llegué te encontré besándote con el general
―Lo siento Adriel ―dijo Ainé inclinando su cabeza
― ¿y sabes porque volví? ―le preguntó Adriel mientras tomó cariñosa y dulcemente la barbilla de Ainé y la levantó hacia él.
―No, ¿por qué?
―Porque cuando estaba haya solo en Reibit, en lo único que pensaba era en ti Ainé, todos los días pensaba en ti, me estaba volviendo loco, me di cuenta que te necesitaba para poder vivir que todo este tiempo he estado enamorado de ti, así que regresé… regresé para pedirte que te casaras conmigo ―cuando termino de hablar notó que el semblante de Ainé se había tornado enfermo
― ¿Qué te pasa Aine? ¿Qué tienes?
― tengo frio Adriel… tengo mucho frio ―dijo Ainé temblando
―Pero tú no sientes frio ―dijo Adriel abrazándola
―me estoy congelando Adriel… no me sueltes no me sueltes por favor ―Adriel tomó a Ainé entre sus brazos y corrió hacia la casa, pero le fue imposible entrar todo se había congelado
―Aine… no te duermas, no cierres los ojos no por favor ―dijo al ver el cuerpo de Ainé tornarse azul
―Ainé… AINEEEEEEE ―gritó.
Cuando el príncipe Adriel despertó se encontraba todo cubierto de nieve “fue un sueño… solo un sueño” se decía tratando de controlarse
“Ainé… Ainé ¿dónde está?” pensaba mientras la buscaba desesperado entre la nieve, unos pasos adelante de él, se encontraba Ainé sumergida casi por completo de nieve, el príncipe reunió fuerzas la tomó entre sus brazos y se puso en marcha hacia la cabaña
Cuando llegó intento abrir la puerta pero se cayó, parecía estar abandonada hacía mucho tiempo, tomó su capa la puso en el piso y recostó a Ainé, como pudo compuso la puerta y encendió la chimenea para calentarse
Se acercó a Ainé y comenzó a acariciar sus mejillas
― despierta hermosa… despierta por favor .