La mirada fría de Owen provocó una risa nerviosa entre Ana y Selene. Todavía estaban en la iglesia, y los demás asistentes las miraban como si hubieran cometido un delito. —Debe ser la forma en que el vestido n***o acentúa tus curvas. Es un pecado lucir tan sexy en un velorio —bromeó Ana, tratando de aliviar la tensión. Selene suspiró y comenzó a empujar entre la multitud hasta salir al aire libre. Una vez fuera, inhaló profundamente, como si necesitara limpiar su mente. Ana, por su parte, recogió su bolso y se dirigió directamente al coche. Cuando Selene estaba a punto de seguirla, el doctor Tom apareció frente a ella. —Ha pasado un tiempo, doctor —lo saludó educadamente. El médico le mencionó que necesitaba hablar con ella sobre algo importante y le pidió que tomara su tarjeta para

