James palidece ante lo que acabo de decirle, como si en realidad yo era un fantasma. Su mano, tensa y de la cual cuelga una bolsa de papel que traía de la cafetería, tiembla con fuertes sacudidas, mientras no aparta la mirada de mí. -¿Estás de coña? -pregunta, deseando con toda su alma que sea mentira. -¿Te parece un tema del que bromear? -Mi rostro de enfado le hace retomar la consciencia, haciendo que tome las riendas de la relación. -¡Pero cómo puede ser! -exclama, ignorando que estamos en medio del pasillo. Al pasar todos de año, volvieron a organizar, siendo yo sustituida por otro chico en el antiguo pasillo 2C, arreglando así el problema de administración. Buf, mejor no recordar aquel momento. -¡Pues yo no lo tenía! ¿¡Me escondes algo, James !? -alcanzo su tono de voz, con miedo

