Un Secreto Familiar

4807 Words
(Pv Tomás) Desde niño siempre quise ser policía, veía las películas de acción y soñaba por ser tan genial como los protagonistas de esas pelis. Lástima que lo más genial que me pasó fue sobrevivir a un balazo en medio de un lío entre pandillas, eso fue suficiente para alejarme de la acción y ser un simple oficinista. Aunque también influyó que me casara y tuviera una familia, quería darle lo mejor a mi esposa y a mi hijo, pero por desgracia un maldito borracho mandó a la mierda toda nuestra vida. Perdí todo lo que amaba y no pude hacer nada. Después de eso, simplemente fue un títere del gobierno sin nada que hacer más que trabajar, comer, emborracharme y dormir, total tampoco hubiera algo que valiera la pena en mi vida. Por eso ni yo creí que tendría algún proyecto interesante, hasta ahora. ____ La mujer que me detuvo en la entrada dijo algo totalmente inesperado. ¿Detener a su hija? Le pedí que me diera explicaciones y ella insistió que nos viéramos en otro lugar, le dije que si era algo relacionado a la investigación debía ser en la estación pero insistió en otro sitio, que quería explicarme todo lo que podía, pero que no sabía si sería crucial para la investigación. Así que en la mañana fui a donde me pidió junto con mi compañero Walter Douglas, era un hombre bajito con el cabello castaño y frenos, era todavía muy verde en esto pero al menos no era un niño deseando ser como los polis de las pelis. —¿Qué carajo? Me detuve de golpe cuando al llegar al lugar donde me pidió la mujer era un centro de convenciones de esas cosas de anime. —Creo que esa mujer te vio la cara de idiota—se burló Walter. —Me lleva el…—iba a decir algo pero en eso se acercó la mujer en cuestión. —Gracias por venir—saludó—. Por aquí por favor. Ambos nos miramos confundidos pero la seguimos al interior del edificio. El olor de cientos de personas amontonadas en un espacio cerrado, comida preparada y otras cosas me pegó de golpe, madre mía nunca había estado en un lugar tan incómodo, encima había música por todos lados y gente gritando como si fuera el mercado. La mujer nos guio por el lugar y tuvimos que esquivar a gente usando disfraces, comprando o tomando fotos, cuando la alcanzamos subió por unas escaleras hasta lo que parecía un restaurante mucho más limpio y organizado. —Bienvenidos—saludó una chica con un vestido de maid—. ¿Mesa para tres? —Yo iré a inspeccionar un poco la zona—dijo Walter antes de volver abajo—. ¡Comienza sin mí! —Pendejo—susurré molesto mientras nos llevaban a una mesa cerca de una ventana que mostraba casi toda la convención. Me dieron un menú de puros dulces así que sólo pedí un café, al igual que la mujer, cuando nos dejaron solos ella miró un poco el evento antes de hablarme. —Una disculpa, no conozco un sitio mejor para hablar sin que ella nos encuentre—comentó. —...Señora, realmente necesito que me explique todo desde el inicio—le dije seriamente—. Para empezar ¿Quién es usted? y ¿De quien habla? —Si, me llamo Ana Miles—respondió—. Soy la madre de Samanta White y madrastra de Ludmila Miles. ¿Samanta White? ¿La madre fallecida del niño? —Un momento—dije levantando la mano—. Ayer usted me dijo que “detuviera a su hija” pero el asesino del niño fue su padre, Daniel White. —Estoy totalmente segura que Dani es inocente—insistió. —Pero señora, fue él quien asesinó a su hija. De acuerdo con la investigación que se había hecho y leído estos días, Samantha White fue asesinada luego de volver del hospital por su esposo quien huyó y nadie supo de él hasta hace poco. —Sé lo que dijeron en la noticia, pero Daniel y su familia eran gente maravillosa—insistió—. Él ayudó a mi hija cuando más lo necesitaba. —...De acuerdo, por favor explíqueme. ____ (Pv Ana) —Me casé con un hombre divorciado que vivía con su hija Ludmila, hice todo lo posible por apoyarla y quererla porque su madre se fue y nunca regresó. El inspector me miró tranquilamente, supongo que se estaba preparando para una historia larga. —Ludmila era…parecía una niña normal que había perdido a su madre—le conté—. Pero cuando Sam nació…algo cambió en ella. —¿No habrá sido celos de hermana?—preguntó cuando nos trajeron el café. —Eso pensé al principio, así que traté de mostrarles el mismo amor a las dos—expliqué—. Pero a medida que Samantha crecía, noté que se enfermaba muy seguido o le pasaba algo, se caía o se chocaba contra las paredes, yo le decía que tuviera cuidado y ella insistía que todo estaba bien, tampoco tenía amigos en la escuela, era como si tuviera miedo de interactuar con los demás, eso fue hasta la secundaria que me dijo que para su cumpleaños iba a invitar a sus compañeros de clases, me puse muy feliz porque antes sólo celebrábamos los cuatro. —Entonces comenzó a relacionarse con todos—supuso pero yo negué con la cabeza. —No vino casi nadie a la fiesta—susurré mirando el café—. No entendí lo que había pasado y mi hija estaba llorando, hasta que llegó un chico—sonreí recordando a ese jovencito que llegó con la ropa sucia, galletas y un regalo—. Se había peleado con unos niños porque insultaron a Sam, perdió pero vino corriendo a la fiesta, Daniel se convirtió en su mejor amigo. Me miró sorprendido al escuchar eso. —Desde entonces, Sam siempre estaba feliz de ir a clases—sonreí antes de suspirar—. Hasta que hubo ese accidente, jugando a los quemados un balón le pegó en la cara y su ojo quedó muy dañado, tuvimos que operarla y le pusimos un ojo de vidrio, eso la destrozó mentalmente. Apreté las manos luchando por no llorar al recordar esos horribles días. —Pero Dani estuvo ahí siempre, la apoyó lo más que pudo—dije mirando el escenario—. Cuando llegaron a la universidad comenzaron a venir a estas convenciones, un día se pusieron disfraces y actuaron en el escenario. No sabía de eso sino hasta el año pasado que me encontré cientos de videos de mi hija cantando y bailando usando un traje de chico con parches o adornos que cubrían su ojo dañado, a su lado estaba Dani con vestido animándola a divertirse ante semejante locura. Saqué mi teléfono y le mostré un video de ambos. —¡¿Ah?! ¡¿Son ellos?!—exclamó al verlos bailar—. Espere…la chica…¿Qué carajos? —Desde entonces, ellos asistieron a estas convenciones y en una de estas le pidió matrimonio—sonreí—. Al año se casaron y se fueron a vivir cerca de la pastelería de la familia de Dani. —Ok, entiendo por qué piensa que ese hombre no pudo matar a su hija—dijo mirando el video—. Pero sigo sin entender qué tiene que ver todo esto su hijastra. Mi sonrisa desapareció y lo miré. —Cuando Sam se mudó, Ludmila se volvió agresiva—expliqué—. No paraba decir que ese chico estaba confundido, que es a ella de quien estaba enamorado, mi esposo la metió a terapia y así estuvo unos años, cuando terminó pensamos que ya estaba bien y bajamos la guardia, terminó la universidad que había abandonado y consiguió un buen trabajo, nos alegró mucho cuando se mudó a otro estado gracias a un proyecto de su empresa. —Mmmm entonces ¿Cree que ella tuvo una recaída o algo así?—preguntó. —Yo…no estoy segura si fue una recaída o…que todo haya sido una mentira—comenté nerviosa—. No sé qué creer, no supe nada de ella en mucho tiempo, después pasó lo de Sam y mi esposo quedó muy afectado, le pedimos a Ludmila que nos dejara ver al niño pero dijo que sería complicado ya que debido a las lesiones debía ser atendido las 24 horas, incluso decía que trabajaba desde casa para atenderlo, no nos dio su dirección ni nada… mi esposo no soportó lo ocurrido y se suicidó. —Lo lamento. Apreté los puños tratando de no llorar. —No se preocupe—susurré antes de respirar profundo y continuar—. Avisé a Ludmila lo de su padre pero dijo que no podía ir al entierro porque debía cuidar a Sora, le supliqué que nos quedáramos juntas pero se negó…fue así como comencé a sospechar de que algo estaba pasando, además los padres de Daniel murieron por una explosión de gas y nadie sabía nada de él, todo era demasiado extraño. El inspector frunció el ceño pensativo. —Es bastante extraño sin duda—comentó—. ¿Por qué nadie sospechó? —Ludmila tiene…un don increíble para manipular a los demás—susurré—. Nunca me paré a pensar en eso hasta mucho después, pero ella parece ser capaz de decir las palabras correctas para tener a la gente en la palma de su mano, sólo pierde la cordura cuando se trata de Daniel, no sé si está enamorada u obsesionada. —Mmmmm entonces, sospecha que la muerte de su hija fue provocada por su hijastra y ¿Daniel buscó a su hijo para rescatarlo y de pronto terminó explotando? —No sé qué fue lo que pasó con Daniel y Sora, pero estoy segura de que todo esto fue por culpa de Ludmila—aseguré—, por eso quiero que demuestre la verdad. —Señora, soy policía no detective—insistió—. No creo que pueda ayudarla, además todo esto es mucho más complicado y habría que abrir una investigación mucho más detallada. —Lo sé, pero tengo miedo de que Ludmila se libre de la investigación, como aquella vez—insistí—. Nunca antes he estado en esta situación, así que sólo se me ocurrió que usted podría ayudarme. No sabía qué hacer, estaba sola y le tenía miedo a mi hijastra, pero nada de esto hubiera pasado si yo me hubiera dignado a ayudar a mi hija. Fallé como madre, como abuela y como madrastra, fallé tantas veces que no merezco ninguno de esos títulos. Fui estúpida por pensar que todo estaba bien, ¿Por qué pensaba que era buena madre? —Bueno, puedo intentar averiguar la verdad—dijo terminando su café—. No le garantizo nada pero haré el intento. —Muchas gracias—sonreí aliviada—. Según sé, podría encontrar información aquí. Me miró confundido antes de dar una mirada al local. —¿Aquí?—señaló el suelo. —Bueno, mi hija venía a estos eventos—dije nerviosa—. Tal vez haya alguien que la haya conocido, además realmente no tengo nada más que ofrecerle. Frunció el ceño por un largo rato antes de lanzar un suspiro de derrota. —Bien, pero no sé qué lograré—dijo antes de levantarse y acercándose a una cajera con mi teléfono—. Disculpe señorita, ¿Conoce a estos chicos?—le mostró el video. —¡Ah sí! ¡Susu y Didi!—exclamó la mujer— Eran muy populares en los concursos pero creo que se retiraron cuando la chica quedó embarazada, lástima, era muy divertido verlos. —¿Y sabe al menos los nombres reales de esos dos?—preguntó—. Me pidieron que averiguara sobre ellos. —Mmmmm no, ni idea—comentó—. Todos los que trabajaron aquí hace cinco años los conocíamos como Susu y Didi, dos chicos traps muy unidos que no les importaba ganar o perder sólo lo hacían para divertirse. —Entiendo, le agradezco mucho—agradeció. —Tal vez el administrador sepa algo más—sugirió—. Hubo algunos eventos en que los invitaban para abrir el espectáculo, no sabría decirle si alguien más aquí los recuerda, ya ha pasado mucho tiempo. —Gracias, iré a preguntarle entonces—dijo anotando la información antes de regresar—. Bueno, este será mi último trabajo antes de jubilarme, así que tengo tiempo libre—me devolvió el teléfono—. Iré a buscar a mi compañero, si necesita algo más o puede darme más datos, aquí está mi tarjeta. —Gracias, le daré mi número—dije registrando el teléfono en mis contactos y mandándole un mensaje—. Le agradezco mucho, le avisaré cuando termine de mudarme a la ciudad. —De acuerdo, espero que podamos resolver todo este lío—sonrió antes de pagar los cafés y retirarse. —Eso espero yo también—dije viendo a un grupo de chicas cantando en el escenario—...Sam…te fallé tantas veces, por favor dame una oportunidad para que descanses en paz. _____ (Pv Daniel) —¿Hoy no viene Atem? —No lo creo, mañana será luna llena así que seguro vendrá pasado mañana. Miré a Ur confundido, ¿Luna llena? ¿Que eso no afecta a las mareas y los hombres lobo? —Ah, es que la luna llena provoca en algunas criaturas una especie de celo—explicó Ur al ver mi cara de confusión—. No pasa siempre pero casi nunca lo veo en esos dos días, podrías aprovechar para ir a la biblioteca, puedes llevar a Sora también, en esta parte del pueblo no hay mucha gente que vaya allí. Lancé un suspiro de molestia ¿Por qué a la gente no le gustaba leer? —Bueno, ahora que Rose me ayudó con las vacunas de Sora, no creo que haya problema con que lo saque de paseo—medité. —Tiene gracia que digas eso cuando lo llevaste al gremio como si nada—bufó Ur. Bajé la cabeza avergonzado porque realmente no se me pasó por la cabeza aquel día, lo bueno fue que ahora yo también tenía mis vacunas, así que estaba más tranquilo. —No importa, mejor voy a la biblioteca a ver si encuentro libros de repostería—dije limpiando la barra—. Termino aquí y levantaré a Sora de su siesta. Gracias a Rose, mi hijo ya tenía una serie de actividades que lo ayudaban a integrarse más a la ciudad, en la mañana aprendía a leer y escribir, después descansaba o merendaba y en la tarde practicaban números, después se tomaban la tenía libre para jugar o ayudar a Ur, aunque él lo mandaba a ordenar su cuarto o dibujar antes de que fuera hora de cenar y repartía caramelos de miel a los comensales mientras yo atendía o para ganar dinero me iba a cantar a la plaza, así que en la noche ambos caíamos agotados a la cama. —Ya ha pasado una semana desde que comencé a trabajar como héroe—pensé sirviendo una de las mesas—. Ciertamente no he hecho nada heroico, sólo he peleado con slimes, cantar o hacer mandados para conocer a la gente del pueblo. —Oye Daniel—me llamó uno de los clientes que estaba sentado junto a sus amigos—. ¿No has escuchado algo sobre una revolución? —¿Eh? ¿Revolución?—pregunté extrañado mientras les servía un poco de té—. Nadie ha dicho nada de eso. —Bueno, lleva años ese rumor—dijo uno de sus amigos—. Ya nadie lo cree, pero dicen que hay algunas personas que quieren que al fin ocurra. —¿Y qué pasaría entonces?—pregunté curioso. —Supongo que derribar a la iglesia—comentó un tercer amigo—. Es cierto que los héroes han traído muchas cosas nuevas, pero también han causado problemas o perjudicado a muchos. No dije nada ya que no todos sabían que yo era el nuevo héroe, hasta escuché a unas vecinas mientras lavaba la ropa que yo era algún sobrino de Ur, así que no le di muchas vueltas. —Así que por eso a la gente no le interesa que haya más héroes—pensé. —O tal vez sea para acabar con el rey y el príncipe Baro—dijo el segundo—. Aunque yo estaría encantado antes de que nos gobierne un mocoso malcriado. —¿Cómo? ¿Ya lo conocen?—pregunté interesado. —Si, los vemos durante el desfile anual—explicó—. Baro es un mocoso de diez años que siempre lo están malcriando para que se quede quieto, según tiene mucha magia pero todos saben que lo quieren poner en el trono porque apoya al templo. En cambio Albao parece de más confianza, pero su padre no lo quiere dejar porque es un Bardo. —¿Cómo? ¿Un bardo?—busqué en mis recuerdos y creo que así se les llamaba a los cantantes—. ¿Eso es una clase? —Si, dicen que es un muy cantante, pero según nadie quiere a un artista como Rey—me explicaron—. Además el chico apoya a los híbridos, incluso dicen que está comprometido con una y con un hombre doncel. —.....¿Ah? Un momento…algo no cuadra…bueno dos… ¿Comprometido con dos personas? ¿Un doncel? —¡Daniel! ¡¿Qué demonios haces?! ¡Muévete! —¡Voy!—corrí a la barra para seguir trabajando. ____ Luego de terminar mi trabajo fui a buscar a Sora y luego de ponerle un abrigo cómodo, le pedí que me indicara la dirección de la biblioteca. —No tiene perdida, sube hasta el final de la calle y verás el tranvía, paga dos de cobre y baja en la quinta parada, cuando salgas de la estación verás un edificio blanco cerca de la muralla. —¿Dos de cobre? Había olvidado el dinero, Ur me miró molesto antes de darme un golpecito en la frente. —¡Ya tienes una semana aquí, idiota!—me regañó sacando un papel de su bolsillo y se puso a escribir algo—. Ya deberías conocer el dinero que se maneja. —Lo siento, por eso te doy todo lo que gano en las misiones y conciertos—comenté avergonzado. —Papá apende—me regañó Sora. Vas a ver, enano. —Rose le está enseñando con monedas, así que sabe de lo que habla—se burló antes de darme el papel—. Hay cuatro monedas en circulación, las de cobre son las más comunes—señaló un dibujo de una moneda con un agujero en el centro—, luego están las de plata que equivalen a diez de cobre—señaló una moneda más ovalada y lisa—, las verás más en la Zona Media y la Zona Alta pero no puedes usarla en el templo. —¿El Templo?—pregunté. —Si, hay una moneda especial para el templo, es el cristal, equivale a dos de plata—explicó señalando una que parecía una concha marina—. Con ella se pagan ofrendas, los impuestos de la iglesia y otras cosas—luego señaló una moneda cuadrada con un borde—. Finalmente están las de oro que equivalen a diez de plata. —¡¿Tanto?!—exclamé ¡Vaya inflación! —Por eso es prácticamente la moneda de los ricos, al menos yo no he visto ninguna—se encogió de hombros antes de sacar de la caja cuatro monedas de cobre—. Toma, aprende a hacer esas recetas que tanto dices para que me pagues de una vez. —Jaja gracias, Ur—sonreí tomando la mano de Sora para irnos. Subimos un poco por la calle mirando los locales, había localizado algunos que vendían harina pero no tenían colorantes comestibles así que tendré que trabajar en ello para decorar, también había una especie de cajas frías que hacían de refrigeradores que podría servir para postres fríos, pero claro todo eso costaba dinero y tenía que pagar la escuela de Sora. —Será mejor que me digne a ahorrar—pensé mientras luchaba por respirar porque todavía no podía subir estas pendientes sin terminar con la lengua afuera—. Y necesito hacer más ejercicio. Llegué a la esquina y me quedé boquiabierto al ver una parada donde había una fila de gente subiendo a una especie de tranvía de madera reluciente con ventanas ovaladas, podía ver que tenían rieles como el tren por lo que supongo que así podía moverse mejor por la ciudad, nunca había visto uno así que no podía compararlo, pero era como ver un vagón de tren antiguo sin locomotora. Pagué los boletos y esperamos nuestro turno, la verdad estaba muy emocionado por lo que vería en la ruta así que cuando subimos y nos sentamos miré cómo era por dentro, los asientos eran acolchados y había espacio para veinte personas sentadas en cada juego de asientos, subió más gente así que el pasillo se llenó en poco tiempo, eso me hizo recordar cuando viajaba en el metro para ir a clases, lo bueno es que esta vez no olía mal ni los asientos tenían grafitis o basura, ya eso era un logro. Tan pronto arrancó, Sora y yo nos asomamos a la ventana para ver toda la ciudad, como los cristales estaban fijos no hubo peligro de que sacáramos la cabeza, pero estábamos totalmente encantados por lo que veíamos. El tranvía pasó por varias calles muy bien decoradas, las tiendas se hacían más elegantes a medida que subíamos al igual que la ropa, la comida o incluso la mercancía, tal parece que como vivía casi en la entrada estaba en la zona más humilde de la ciudad. Sin embargo lo que más noté es que sin importar los callejones y callejuelas, no vi ningún indigente o gente buscando entre la basura ¿Será que a pesar de todo no tenían gente de las calles? El tranvía se detenía en cada una de las estaciones, así que nos dimos prisa en salir cuando llegamos a nuestra parada. Ur tenía razón, era imposible no notar semejante edificio. Primero no sólo era enorme sino que destacaba por su diseño, un enorme edificio redondeado con el techo de cristal. Segundo, era el único edificio que estaba construido prácticamente junto a la muralla, como si la hubieran construido a la par, tercero, simplemente no había nada más alrededor que un parque con árboles y algunos puestos de comida o bebidas. —Más bien me recuerda a la universidad —pensé divertido recordando cuando me sentaba a leer junto con Sam en los jardines de la universidad pública. —¡Poitos, papá! —exclamó Sora señalando unas palomas que se bañaban en una fuente de aves. —Cierto, pero se llaman palomas, Sora—dije para que aprendiera —. Anda di Pa-lo-ma. —Paooooma—repitió haciéndome reír. —Muy bien, ya has mejorado mucho con tus palabras—le dije antes de seguir el camino hacia la biblioteca. Había una puerta de madera en la entrada y también un cartel tallado que era sujetado por una estatua de una lechuza con las alas abiertas. "Aquellos que desean aprender, las puertas de este recinto siempre estarán abiertas, sin embargo, una vez dentro, está prohibido maltratar, romper o dañar cualquiera de los libros, de igual forma no está permitido agredir al personal ni a otros visitantes, sin excepciones" Me costó un poco leer algunas palabras, pero me sentí un poco emocionado por haber mejorado tanto, así que tomé aire y entré al lugar. —¡Ooooohhhhh! Era imposible no exclamar eso, el edificio era simple por fuera pero por dentro...¡Era simplemente hermoso! El techo estaba finamente pintado con paisajes variados, el mar, el bosque, las montañas nevadas, un valle al anochecer e incluso una ciudad nocturna iluminada con las luces y las estrellas, el suelo estaba reluciente como un espejo con cerámicas marrón oscuro cubierto en algunas partes por una alfombra mullida, las paredes de la entrada eran blancas en la entrada. Al fondo de la habitación había un árbol tan grande que llegaba al techo de cristal y parecía tener más libros en su tronco al se podían acceder mediante escaleras y niveles que se sostenían del propio árbol, también había un par de pisos extras y a unos pasos de nosotros se encontraba un escritorio de madera redondeado que supuse sería del bibliotecario, así que me acerqué a ver pero no parecía haber nadie, sólo una lechuza blanca como la nieve con una linda capa negra posada sobre un palo de madera bien labrado. —¡Paoma! —exclamó Sora señalando al ave. —No, Sora, es una lechuza —le dije divertido. —¿Chuza? —preguntó. —Jeje algo así, por cierto no debes alzar la voz aquí—le expliqué —. En la biblioteca no se corre ni se grita. —Le agradezco mucho que le explique las normas a su hijo. ¿Eh? Miré confundido al lugar pero no había nadie, en eso me di cuenta que la lechuza me estaba mirando. —Bienvenidos a la biblioteca N°3 ¡¿AHHHHH?! ¡LA LECHUZA ACABA DE HABLAR! —¡Chuza! —exclamó Sora muy contento mientras yo seguía en shock. —Soy el bibliotecario, Snow—siguió hablando como si nada—. Les doy la bienvenida a este humilde lugar—hizo una pequeña reverencia y nos miró de nuevo —. ¿En qué puedo ayudarlos? Aún no podía creer lo que estaba viendo, ni en mis sueños más locos me hubiera imaginado algo así. —D-Disculpe, es que me tomó por sorpresa…—dije incómodo—. No pensé que hubiera… —Ah supongo que usted viene de otro lugar—comentó con calma—. No se preocupe, este lugar fue fundado por el héroe Simon Piccario, el número 60 en la historia de la isla, todos estos libros son el resultado de cientos de personas que ofrecieron su conocimiento al público a lo largo de los años, desde nobles hasta criaturas mágicas y siempre estamos aceptando nueva información. Se escuchó un ulular y vi que cientos de lechuzas salían de las secciones o las ramas de los árboles. —El héroe ofreció este lugar a mis ancestros y hemos protegido este santuario con nuestra magia—explicó—. Podemos garantizarle que todo lo que está escrito aquí es totalmente cierto y verificado. —Esto…en ese caso, estoy buscando libros de recetas de dulces—dije mientras Sora miraba emocionado a las lechuzas. —¿Dulces? Mmmmmm tenemos un estante en la sección de cocina que podría interesarle—dijo moviendo su ala hacia su…¿mentón? O bueno eso creo—. Al lado hay un área de descanso para niños, así que su hijo puede entretenerse ahí. —Muchas gracias —sonreí antes de que su capa desapareciera y abrió sus alas para volar. —Síganme por favor —dijo guiándonos por el lugar. Caminamos hacia el centro de la biblioteca y vi que por las ventanas se veían diferentes paisajes, como un jardín de flores, una playa o incluso lo que parecía una ciudad antigua de la Tierra. Llegamos a una sección con colores brillantes, juguetes, pinturas y pelotas, Sora entró muy emocionado y se puso a jugar con las pelotas, Snow se acercó a otra sección y para mi sorpresa la de Cocina tenía una especie de horno en el fondo. —Este es un servicio de hologramas para poner en práctica las recetas—explicó —. Incluso si gusta puede pedirle a uno de mis asistentes papel y plumas para anotar todo lo que desea. —Muchas gracias señor Snow —dije antes de volver con Sora—. Cariño, estoy aquí al lado. —Chi papá—asintió antes de correr hacia los libros para niños. Snow se retiró y comencé a revisar los libros, pero para mi mala suerte no habían muchos, así que revisé varios hasta que al fin encontré uno con recetas de pays de frutas, aunque parecía que estaba catalogado como panadería. —Mmmm tendré que revisar los de panadería entonces—medité—. No será fácil pero si conozco las recetas de aquí puedo mejorarlas, así que vamos a aprender ¡Aquí vamos!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD