En Alemania ya habían pasado dos meses desde la cirugía a la que Ava fue sometida, su cicatrización estaba muy bien y ella ya podía dar pasos por sí sola, sin embargo, algo que la emociona mucho, pero aún se cansaba demasiado. —Leo, cuando crees que pueda caminar sin apoyarme en nada y sin cansarme —indaga Ava, durante su fisioterapia. —Un mes más, tu cuerpo no está acostumbrado a que uses tus piernas, ¿recién te estás adaptando, porque la prisa? —Leo, no quiere que se fuerce de más —El próximo mes es el cumpleaños de mi padre, quiero llegar a su fiesta caminando, sé que será un gran regalo para él, verme caminar hacia él y darle un fuerte abrazo —Ava, sonríe con tan solo imaginar la cara de sus padres y del resto de la familia cuando la vean entrar a la mansión Ivanov caminando. —Pue

