Las siguientes dos semanas fueron dedicadas a mi fiesta de cumpleaños, estaba ansioso y no era por la fiesta, más bien, se debía aquella conversación. Trate con todas mis fuerzas parecer normal delante de todos, pero por dentro, era otra cosa. No dejaba de pensar en eso, le daba vueltas una y otra vez. Me estaba atormentando. Me sobresalte cuando se abrió la puerta de mi habitación.
–Hola, Rey– papá me llamo desde la puerta, me di vuelta en la silla del escritorio, traté de mostrar mi mejor cara.
–Hola, papá.
–¿Estarás ocupado el fin de semana?
–No, ¿Por qué? – él dio un paso dentro de la habitación, pero no soltó la puerta. Muchas veces parecía bastante lucido, como el hombre que recordaba, otras no sabían quién estaba delante de mí.
–Tengo que ir a la ciudad a hacer unos papeleos y eso, me gustaría que vinieras conmigo.
–Claro, me encantaría– desde pequeño amaba ir a todas partes con él, nosotros no compartíamos muchos rasgos físicos, solo la forma de la boca y la nariz, todo lo demás era heredado de mi madre, pero en personalidad, éramos dos gotas de agua.
–Bien, nos iríamos mañana después que vengas del colegio.
–Perfecto, dejare todo listo esta noche.
–Ok, te dejo entonces– ninguno de los dos era muy hablador, a menos que fue un tema que nos apasionara, lo vi darse la vuelta para salir de la habitación.
–Oye, papá– él me miro sobre su hombro, respire hondo. –Tengo una tarea para mi clase de economía, y se me está haciendo muy difícil. ¿Podrías ayudarme? –justo ahí, le brillaron los ojos. Por ese brillo en sus ojos era que me había seleccionado clases de economía, aunque a mí se me dieran fatal.
–No tienes ni que preguntarme. –soltó la puerta y vino directo a mí, tomo la otra silla de la habitación y se sentó a mi lado. –¿De qué es tu tarea?
–Sobre economía naranja y como puede ayudar a las MiPymes en la región del caribe.
–¿Cómo quieres que te ayude?
–Primero tengo que saber qué es. – él se encogió de hombros.
–¡Ah claro! Te explico: la llamada economía naranja no es más que convertir talento en dinero por proyectos que conviertan ideas en acciones productivas, fomentando la creatividad, las habilidades y el ingenio de emprendedores. Por eso es tan importante para las pequeñas empresas, pues se compone de cultura y las industrias creativas. Buscando formas diferentes de desarrollar productos y servicios. Es importante porque genera valor agregado y riqueza, es algo así, como un generador de empleos e impacto social.
–¿Tú has puesto en acción este tipo de economía? – le pregunte.
–Por supuesto, generar un impacto en el medio ambiente es más importante que cualquier cosa en el mercado. Digan lo que digan, las Relaciones Publicas lo son todo para una empresa, entre mejores términos estemos con el público, mayor serán los ingresos. Te pongo el caso de la empresa que comercializa bebidas alcohólicas, son empresas enormes y que sus productos no favorecen a la salud ni al medio ambiente… por decirlo de esta manera, pero en nuestro país nunca vas a escuchar a ningún medio de comunicación ni a nadie hablar mal de ellas, porque invierten en tecnología, generan empleos, creen en el talento joven y le dan oportunidades para desarrollo, y esa es la clave para tener un negocio rentable. Además, de que siempre están involucradas en ayudar al desarrollo del país y financiando campañas de Relaciones Públicas. En el caso de las economías naranjas, el software y las tecnologías de la información lideran las transformaciones a partir de la creatividad. Ese tipo de creatividad que está en los jóvenes.
–¿Por eso siempre estás trabajando con personas jóvenes? –parecía pez dentro del agua.
–Sí, los jóvenes llenan de vida todo lo que tocan, si saben tratarlos bien y darle un ambiente laboral donde puedan crecer y desarrollar sus ideas, te darán todo de ellos. –le seguí haciendo preguntas respecto al tema y cuando él sintió que el trabajo estaba terminado y perfecto me dejo levantarme de la mesa, lo reviso varias veces, siempre le cambiaba algo, en cada lectura decía que le faltaba algo por agregar.
–Ya vamos a cenar–nos anunció Laly entrando a la habitación.
–Ya vamos– le respondió papá sin mirarla. Seguía con sus ojos puesto en la computadora, escribiendo a toda prisa.
–Mi profesora sabrá que yo no hice este trabajo– le dije, él me miro y no supe descifrar su expresión. –Es enserio.
–Mamá nos está esperando–Laly hizo sonar su pie contra el piso, para que ambos le pongamos atención.
–Ya vamos… Ya vamos, será mejor que vayamos. –nos pusimos en pie y al pasar junto a Laly, papá la sorprendió tomándola en brazos.
–Papá– grito, pero no la soltó, la llevo sobre su hombro hasta el comedor.
…..
–¿Quieres manejar? – suprimí un gemido, manejar el SUV de papá, era como un logro enorme que me dejara manejarlo.
–Por supuesto– me dio las llaves y fui directo al asiento del conductor. Ajusté el asiento y me puse el cinturón, mientras papá se despedida de las chicas.
–¿Por qué no puedo ir papá? –mire en su dirección, mi hermana le puso su carita de tristeza que siempre hacia para que uno le tuviera compasión.
–Te prometo que en la próxima te llevare. Te traeré lo que quieras, dime que quieres y lo conseguiré para ti. –abrió los ojos.
–Bueno… la pantalla de mi celular está rota– se encogió de hombros y supe que no era solo la pantalla, ella quería un celular nuevo.
–Te comprare un celular nuevo– le dijo y ella dio un salto de alegría. Mamá hizo una mueca.
–Ya hablamos sobre lo del celular nuevo, cuando vea tus notas te compraremos uno.
–Cariño–papá solté a Laly y luego abrazo a mamá por los hombros.
–Podemos adelantar eso, así cuando veamos sus notas, que sé que serán excelentes, nos sentiremos mejor.
–Alejandro– dijo mamá, una pequeña sonrisa se me dibujo en los labios. Por mucho que mamá quisiera que viviéramos una vida modesta, sabia con certeza que no éramos para nada modesto, había visto todo el dinero en la caja fuerte, algunos estados de cuenta con muchos ceros allí y el colegio donde íbamos no era nada barato. Además, de que nos dábamos ciertos lujos que no todo el mundo se daba, como que papá cambiaba su coche todos los años. –Está bien, ya hablaremos luego. – Se besaron y luego papá camino hasta la puerta del acompañante. –Cariño, conduce con cuidado– se acercó y entro la cabeza por la ventanilla para darme un beso en la mejilla.
–Sí, lo prometo. –Laly también vino a despedirse.
–Te amo, hermanito– me dijo dándome un beso donde lo había hecho mamá.
–Yo también te amo, pero aun así no puedes entrar a mi habitación.
–Aguafiestas. Te amo, papá– le digo un beso y luego se alejó, subí el cristal y puse el Mercedes en marcha.
–Es la mejor cosa para manejar– dije, me contuve bastante para no poner el pie hasta el fondo del acelerador.
–Ya lo creo.
El camino fue rápido, no nos detuvimos hasta que llegamos a la ciudad, unas tres horas después, papá me dejo manejar el camino completo y se lo agradecí, escuchamos algunas canciones en la radio, yo tenía casi los mismos gustos musicales que él, así que fue una mezcla de Rock de los 70s y 80s que le había hecho hace un tiempo. También le agregue algunas bandas de finales de los 90s, porque uno tenía que reinventarse un poco.
–¿Tienes hambre? – me pregunto, me detuve en un semáforo en rojo.
–Sí.
–Pues quiero que conozcas un lugar.
–¿Es uno de tus restaurantes?
–Lo era– puse el SUV en marcha nuevamente– fue donde tu madre y yo nos conocimos– sonreí, había escuchado la historia mil veces, pero nunca me cansaba de escucharla. Él me indico como llegar, no tardamos mucho y cuando ambos nos desmontamos le entregue las llaves al Valet.
–Buenas tardes, señores–dijo el hombre, estaba entre sus 40.
–Buenas tardes– le dijo papá, yo lo seguí–El lugar no ha cambiado para nada–dijo para sí mismo.
–Buenas tardes, ¿tienen reservación? – la recepcionista era una chica joven bastante guapa.
–No, ¿pero podemos pasar?
–Por supuesto, tengo mesa libre en la terraza y en el reservado.
–Reservado– le indico.
–Los acompaño–seguimos a la mujer, el lugar estaba abarrotado de personas, riendo y disfrutando de sus compañías.
–¿Alejandro? –papá se detuvo al escuchar su nombre, yo iba algo distraído y casi choco con él. Se dio media vuelta para ver quien lo llamaba.
–Roberta–dijo con la voz como hielo.
–Cuanto tiempo– le dedique una mirada a la mujer, era realmente bella o lo fue en su juventud. Algo de ella me resultaba familiar, ella dio un paso adelante y puso su mano sobre el brazo derecho de mi padre.
–Así es– le respondió, su voz seguía siendo monótona y helada.
–¿Qué haces por aquí? – le dedico una sonrisa, pero él no se la devolvió.
–Solo quería cenar en tranquilidad.
–Ya veo– la mujer siguió tocándole el brazo– te ves muy bien–hablo más bajito, yo me había movido unos pasos, así que quedaba hombro con hombro.
–Gracias, tú igual. –papá dirigió su mirada a mí–Este es mi hijo Arturo– la mujer me miro y se le apago la sonrisa.
–Mucho gusto, Arturo– dijo, no con la misma emoción con la que se había dirigido a papá.
–Igualmente– le sonreí, bastante educado.
–Se parece mucho a…– pero no termino la oración, no sé qué vio en su mirada que se detuvo.
–Sí– la corto papá. –debemos irnos, fue un placer.
–Igualmente– le cambio la expresión nuevamente, ahora era una mujer totalmente diferente. Entonces, lo recordé. Papá me puso su brazo por el hombro y me hizo caminar, seguimos a la chica de recepción. Cuando tomamos asiento y nos quedamos a solas, me atreví a preguntar.
–Papá– levanto la mirada del menú.
–¿Sí? – me eche el cabello hacia atrás antes de hablar.
–Esa no era….
–Sí, lo era y será mejor que no le digamos nada a tu madre de este encuentro. –asentí, estaba en lo cierto, aquella mujer era la ex esposa de papá.