Al día siguiente, me desperté con los gritos de la cocina. Baje las escaleras apurada —¿Qué paso acá?—pregunte. Era un caos total, habían platos rotos por todos lados y todas las chicas de limpieza paradas a un costado mientras que delante de ellas se mantenía Alan. No tenía buena cara y los gritos eran de él —¿Quién lo hizo?—pregunta de nuevo gritando. —Lo siento, señor—dice alentándose. Me acerco lentamente y escuchó, nunca había estado en una situación así con respecto a las personas que trabajaban en la casa de Alan. Sin embargo no podía permitir que algo malo pase porque sabía muy bien lo que era mantener un puesto de trabajo y más en estas épocas difíciles. Crucé mis brazos y esperé. La señala—Busca tus cosas y vete de mi casa, ya—grita. Le tomó el brazo—No te muevas de acá—l

