CAPÍTULO CATORCE Caminamos por las calles de Roma, parando aquí y allá ante sus asombrosas estatuas y fuentes. Madeleine no volvió a mencionar el incidente; en lugar de ello, parecía más en sintonía con el día, con más determinación. Yo me sentía un poco culpable por haberle sugerido que le dejara una nota y me pregunté si a Mimi se le habría ocurrido tirarla. Si Carlo era realmente el piloto de carreras internacional que decía ser, Mimi debía de estar acostumbrada a que las mujeres dejaran notas. Recorrimos las calles hasta bien entrada la tarde, ya que ninguna de las dos quería volver a la habitación del hotel y echar de menos la vida de Roma. Cenamos una pizza de jamón y huevo en una pequeña pizzería, mientras observábamos cómo transcurría la ajetreada vida romana. Esa misma mañana no

