CAPÍTULO SIETE El bus llegó al momento, lleno de jóvenes y bronceados turistas de distintas nacionalidades. Nos abrimos camino a empujones entre pies con sandalias y mochilas, y nos sentamos en la parte de atrás. —Parece que nos alojamos en la zona de Psalidi —Madeleine observaba un mapa en la guía—. Hay aguas termales un poco más allá… —Estiró las piernas hacia adelante y soltó un leve y melancólico suspiro. —Hoy buscaremos un coche —dije, pensando en que mis músculos agradecerían esas aguas. Había visto un sitio de alquiler cerca del restaurante de Alexander. —Pero primero echaremos un vistazo a la ciudad y luego volvemos a… casa. Qué extraña me sonó la palabra. Nuestro pequeño apartamento sería nuestra «casa» por ahora, y la idea sonaba bien. Miré a Madeleine, que también parecía h

