Encuentro Indeseado (Parte I)

2005 Words
    La cabeza del ave se elevó, extendiéndose hacia arriba, apuntando con su pico al cielo y de inmediato una peculiar luz comenzó a salir del pico de esta. Las paredes de hielo que rodeaban a Jaen desaparecieron por su voluntad ya que sabía que no podrían protegerlo de esto. La nieve del lugar parecía ser absorbida por la luz mientras el fénix tomaba cada vez más impulso. El chico dio un par de pasos atrás. Finalmente el pico del ave se movió hacia el frente, emanando lo que parecía un rayo azul.       Saltó. Dio un brinco hacia atrás evitando el impacto. Un cúmulo de hielo apareció en el lugar donde había llegado el rayo. Sin embargo este no había terminado. El rayo se movía rápidamente hacia él, incluso más rápido que lo que podía correr.  Con un fuerte salto hacia su izquierda intentó eludir el ataque, pero no fue suficiente. Au pie izquierdo se convirtió en víctima de semejante ataque congelándose en su totalidad. Un enorme grito salió de su boca. Dolía y sentía como su pierna perdía rápidamente sensibilidad. ¿Acaso esto generaría que se quedara sin ella?       La fénix disipó su ataque y descendió al suelo. Estando allí comenzó a caminar hacia donde Jaen estaba quejándose de dolor mientras quitaba rápidamente su bota. La cola del ave se abrió, dejando ver el hermoso arco brillante que formaba su plumaje.       –¿Aun me quieres como aliada? –Susurró con malicia en su voz.       –Si… necesito salvar… agh… –Era horrible. Quería levantarse pero simplemente no sentía su pierna y el frío era espantoso–. Debo encontrar a mi madre y ayudar a las razas. –Su pie estaba de color azul, con pequeños fragmentos helados pegados a este.       –Qué respuesta tan extraña…       –¿A qué te refieres? –Preguntó el humano entre jadeos.       –El Rey Peter vino hace algunos años y su corazón pasó mi prueba, al igual que tú. Pero cuando lo ataqué se dio cuenta de no podría derrotarme… así que se retiró voluntariamente. –El fénix miró por fin a Jaen con extrema curiosidad–. ¿Estás dispuesto a morir por tus objetivos?       –¡No moriré! Si lo hago seré un inútil.       El ave dio un paso atrás al oír sus palabras. Su corazón era totalmente sincero y su determinación era algo que envidiar. Venían muchos recuerdos a su mente, sí. Aquella persona también había venido a ella de forma honesta y tampoco huyó al ver su poder. ¿Era esto un deja vu? No lo comprendía, pero si tenía claro que ese chico no mentía con nada de lo que decía.       Su cabeza comenzó a descender, cosa que Jaen vio como el intento de otro ataque obligándolo a cerrar sus ojos con fuerza… hasta que oyó la voz del ave.       –Eres el primer ser de los que he visto que es capaz de sacrificarse a sí mismo por los que quiere. –Prefería no dar detalles sobre esa persona que durante un largo tiempo se mantuvo a su lado–. A pesar de que los demás te desprecian intentas ayudarlos… eso es algo encomiable. Soy Fehila. –Se presentó por fin–. Cierra el contrato con la piedra de hielo.       –¿Quieres decir que… –Antes de que terminara su pie se descongeló en su totalidad–… serás mi aliada?       –Sí. Lo seré.       Jaen se levantó del suelo mirando a la enorme Fehila a sus pies. La poderosa ave del hielo estaría de su lado. Algo que ni siquiera el rey había logrado… Sin pensar más sostuvo la piedra.       –¡Con la fuerza que me ha otorgado el Zafiro Congelado te tomo como… –Jaen sabía que en realidad no la quería como esbirro. No veía bien decir una palabra que le desagradara a la hermosa fénix–… Te tomo como aliada, Fénix del hielo, Fehila!       Ella alzó la cabeza con rostro de asombro. Jamás pensó que Jaen adulteraría el juramento por lo que le había dicho. La piedra comenzó a brillar como nunca lo había hecho antes. En el cuello del ave apareció un punto de luz color azul. Esta luz se transformó en una gema del mismo color que el fragmento de Jaen como claro sello del contrato que se acababa de realizar.       –Has… has… –Fehila estaba en shock.      –Ya te dije que no te quería como esbirro sino como aliada. –Jaen se levantó sintiendo como su pierna nuevamente tomaba el calor corporal–. Seguirás siendo libre, Fehila. Solo me ayudaras cuando te lo pida.       –Definitivamente eres alguien muy peculiar. Me agradas.       Los ojos de la fénix se abrieron como si estuviera sintiendo algo malo. Llevó su rostro al norte, justo donde se encontraban los dominios de los Clorux.       –¿Pasa algo malo? –Inquirió Jaen siguiendo la mirada de esta.       –Puedo sentir el uso de la energía de las piedras a un máximo de siete kilómetros de distancia…       –¿Sientes algo más?       –El Cuarzo de la Noche… –Soltó Fehila con tono de preocupación–. Se enfrenta a una débil energía de la Esmeralda del Viento.       –¡Ay no! ¡Scarlet y Hide! –Justo cuando todo parecía ir por buen camino–. ¡Debo llegar allí!       –¿Les conoces? –Fehila pareció negar con la cabeza–. Sube en mí.       –Michael está conmigo. Él también debe venir. –Comentó el humano subiendo en la espalda de Fehila sin lastimarla. Ventajas de poder crear pequeños pilares de hielo.       –¿El príncipe de los Frinx? –Bastó con aquella pregunta para que Jaen entendiera que no era una noticia agradable para el ave.       –El mismo.       –Bien. –No tenía muchas opciones más que acceder a verle la cara nuevamente.       El ave agitó sus alas, tomando el vuelo en dirección a la entrada de la caverna. Allí se encontraba el chico de rubios cabellos observando el hielo… usándolo como espejo para arreglar su cabello. Cuánto hubiese dado Jaen para poder grabar el momento en el que este movió su rostro y dio un salto de sorpresa. Estaba estupefacto al ver de nuevo a aquella enorme ave. El día en que su padre había intentado derrotarla, él había logrado verla.       –¡Sube! –Gritó Jaen–. ¡Mike sube!       –¿¡Jaen!? –Inquirió incrédulo el príncipe–. ¿Qué demonios haces sobre el fénix?       –Lo que Peter no pudo hacer por idiota. –Sentenció el fénix con desdén–. Hay energía del Cuarzo de la Noche en los dominios de los Clorux. ¡No hay tiempo para estupideces, Michael! ¡Sube!       –Yo… creo que mejor usaré a Polaris…       –¡Eres igual de terco que tu padre! –Intervino nuevamente Fehila tomándolo por la camisa con su pico y lanzándolo a su espalda–. ¡Ahora nos vamos! –Sus alas se agitaron y el ave se alzó, surcando los nublados cielos en dirección a la fuente de la energía.                                                                                                 ***     –¿Por qué haces esto? –Hide seguía sin poder procesar que su mejor amiga estuviese al frente en las filas de una loca con aparentes ansias de poder.       –¡No estás en condición de hacer preguntas, lindo!       –Tu apariencia ha cambiado…       –¡Basta! ¡Ya me harté! –Tan impaciente como de costumbre. Eso era algo que Mei nunca cambiaría–. ¡Con la autoridad que me concede el Cuarzo de la Noche te llamo, Arioto!       Scarlet ahogó un grito al escuchar semejante nombre. ¿De verdad alguien era capaz de tener un esbirro como este? Sabía que se trataba de una de las criaturas más fuertes de los dominios de los Nighter, pero jamás esperaba que alguien lo tuviese como suyo.       Una especie de agujero n***o se abrió frente a los chicos, revelando frente a ellos la enorme bestia portadora del nombre “Arioto”. Su aspecto era como el de un gigantesco lobo de unos cuatro metros de altura. Su pelaje era gris mate en las patas con un manto de color n***o. El apetito voraz del animal se veía en su hocico, el cual estaba recogido mostrando los filosos caninos. Sus ojos escarlatas miraban con ira al par de chicos que parecían impresionados ante tal bestia.       –Les presento a Arioto. –Mei se colocó a su lado con una sonrisa triunfal–. En nuestro mundo es conocido como un peligroso y voraz animal al que los dioses del Olimpo le temían... ¡aquí es mi esbirro! –Se jactó la rubia.       –¿Que pretendes hacer con un monstruo como ese? –Fue Scarlet quien tomó la palabra mirando a Mei con asco.       –¿No es obvio? ¡Arrebatarles la gema! –Entrecerró los ojos expulsando un bufido–. ¡Arioto, ataca!       –¡Tsk! No quería tener que pelear contigo... pero no me dejas elección. –El pelinegro suspiró con firmeza–. ¡Por la autoridad que me otorga la Esmeralda del Viento, te llamo, Lynch!- el feroz león apareció frente a los chicos con un fuerte rugido.       –¡Por la autoridad que me otorga la Esmeralda del Viento… –comenzó Scarlet– te llamo, Lorelay! –Un rugido similar al de Lynch resonó en el lugar, dejando ver una enorme leona de la misma altura de Lynch. Su color verde oscuro era idéntico al del otro león. Una serpiente aparecía también en la cola de esta, matizando los colores verde y dorado en su cuerpo.       –¡Es una leona real verde! –Hide estaba sorprendido–. ¡Tienes un esbirro como el mío!       –Quería que fuera una sorpresa para un tiempo próximo, pero no tuve elección.       –Un par de bestias formidables, –Reconoció por fin la rubia con una sonrisa–, pero inútiles frente a Arioto.       El enorme lobo rugió de una forma diferente. Esta vez parecía como si el tímpano de los oídos de los chicos fuera a quebrarse. Alrededor de los leones comenzaron a verse extraños destellos morados y negros. Antes de que pudieran reaccionar ondas oscuras comenzaron a golpearlos. Al ver lo  que ocurría, Scarlet rápidamente, usando la piedra, lanzó una fuerte oleada de viento hacia los esbirros quienes, al ser tocados por el viento salieron del centro de ataque en un abrir y cerrar de ojos.       –¿Qué ha sido eso? –Hide estaba confundido.       –Pensé que ya conocías el secreto de estos esbirros. –Scarlet notó que había sido un error confiar en la astucia de Hide.       –Pues... aun no entiendo cómo se mueven tan rápido...       –El viento, Hide, el viento. –Explicó con fastidio–. Cuando el viento los toca son capaces de moverse a una velocidad que nuestro ojo no puede seguir.       –Entiendo... –Asintió. Ahora conocía un punto que podía usar como ventaja–. ¡Bien, es hora de contraatacar! ¡Lynch, no tengas piedad con Arioto!       –¡Lorelay, cubre a Lynch!       Ambos esbirros se movieron rápidamente luego de un fuerte rugido aproximándose a toda velocidad hacia su objetivo. Corrían en zigzag haciendo que su oponente se mantuviera entretenido mientras se acercaban cada vez más. Una fuerte ventisca alcanzó a Lynch proveniente de Hide. Antes de que Arioto lo notara, el león se encontraba sobre su lomo, encajando un fuerte mordisco en dicho lugar. Los gigantescos y filosos dientes perforaron su piel y carne, haciendo que la sangre comenzara a salir por la herida. Arioto gruñó girando su cabeza hacia el lugar donde aún estaba Lynch mordiendo con fuerza. El animal comenzó a sacudirse en el momento que sintió otra mordida en su pata delantera derecha. Lorelay había usado la serpiente para inyectar veneno en Arioto. Scarlet envió corrientes de viento hacia ambos esbirros haciendo que regresaran de inmediato. ¿Era la victoria contra tal oponente?
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